7. Monteverde en 3 días.

El traslado que había pagado la noche anterior para ir de La Fortuna a Monteverde consistía en un shuttle que te recogía en tu alojamiento de La Fortuna y te llevaba al lago Arenal, cambiar a un bote para atravesar el lago Arenal, y por último otro shuttle que te llevaba hasta Monteverde y te dejaba en tu alojamiento. Todo bastante sincronizado y por 20$. Si además tienes la suerte de ver el volcán Arenal despejado (que no fue mi caso), además de buena combinación de transporte, puede convertirse en una actividad de lo más atractiva.

En total fueron unas 4 horas de trayecto, con una parada intermedia de 20 minutillos y otra parada de 5′ para hacer fotos al impresionante paisaje de prados que había conforme nos acercábamos a Monteverde.

Al llegar a mi alojamiento en Monteverde, el Monteverde Hostel Downtown (7$/noche en habitación compartida de 8 personas).


Si reservas en Booking a través de este enlace https://www.booking.com/s/11_6/almu9955  recibirás un reembolso del 10% al finalizar tu estancia. Por ejemplo, si haces una reserva de 90€ al finalizar tu estancia en el hotel reservado te devolverán 9€.


Y tras dejar mis cosas en la habitación, pregunté en recepción por las diferentes opciones que ofrecían para practicar una de las cosas por las que la mayoría de personas visitábamos este lugar: las super tirolinas.

Tras barajar las distintas opciones, y por recomendación de las chicas valencianas que había conocido semanas atrás en la excursión a Isla Tortuga, me decidí reservar las actividades del día siguiente con la empresa de 100% Aventura. Esta empresa tiene un pack de actividades por 50$ (o 45$ si vas en grupo de al menos 4 personas) que incluye: 8 tirolinas (una de las cuales es de casi 2km de longitud), un tarzan swing (una especie de puenting pero con caída más suave), un rappel y un Supermán (una tirolina en la que te cuelgan por la espalda, por lo que disfrutas de volar casi como un pájaro). Además, el precio incluye el transporte de ida y vuelta, seguro de accidentes y todo el material y equipamiento necesario.

Pero antes de la descarga de adrenalina que me esperaba al día siguiente, aún me quedaba tiempo por delante este día para dar un paseo por Monteverde, comprarme una sudadera (ya que la mía la había perdido en uno de los alojamientos por los que había pasado), y para hacer un tour nocturno con Grec y Nil, y cenar con ellos.

El tour nocturno lo hicimos con una empresa que nos habían recomendado, Kinkajou. Ellos te recogían en tu alojamiento, te llevaban a un espacio en el bosque y entre los diferentes guías se iban comunicando para encontrar y mostrarte la mayor cantidad de animales nocturnos posible.

Aunque quizás me hubiera gustado ver alguna ranita, pues fue algo que todo el mundo estaba viendo en Costa Rica excepto yo, que sólo había visto de 2 tipos, sí es cierto que vimos una lora venenosa y una tarántula, además de un coatí y algún bichito más.

Lora venenosa
Tarantula
Serpiente, creo que boa constrictor.

Tras terminar el tour el taxista nos paró en un restaurante llamado Sabor Tico, en una zona próxima al centro de Monteverde. Disfrutamos de la cena con una buena conversación y muchas risas, y nos despedimos hasta el día siguiente, que intentaríamos repetir la jugada de la cena, ya que ellos ya tenían contratada la actividad de los puentes colgantes y yo la de los deportes de aventura, con empresas diferentes.

Además, hoy el día se me había hecho durillo, pues no me encontraba muy allá. Supuse que era fruto de las aguas termales del día anterior, que habían hecho que mi cuerpo se relajara tanto que me encontraba con la energía muy bajita. Pero nada importante, me acosté prontito y aproveché para dormir 9 horas de tirón.

Llegaba mi penúltimo día en Monteverde, un día que había esperado con ganas durante todo el viaje. No es que sea muy fan de los deportes de riesgo (más bien soy una cagueta) pero poder practicarlos en un entorno natural tan espectacular lo convertía en algo mucho más atractivo para mí. Cogí energías en el desayuno y esperé a que la furgo de 100% Aventura me recogiera. Una vez reunida con los españoles con los que iba a hacer la actividad, fuimos a pagar y a que nos colocaran todo el equipamiento necesario de seguridad. Los nervios iban en aumento, pero todos teníamos mucha emoción contenida… Los monitores que nos informaron de las normas y de cómo colocarnos en las tirolinas y el rappel, y los monitores que nos enganchaban a las diferentes cuerdas fueron en todo momento muy amables y profesionales.

No hay palabras para describir lo que se siente cuando, casi a traición, me dejaron caer en el Tarzán Swing, esa cuerda flexible con la que saltas al vacío describiendo una parábola al caer que me cortó la respiración,… O cuando te lanzan en esas pedazo tirolinas kilométricas en las que puedes divisar a vista de pájaro prados y montañas, todo verdísimo, diminutas vacas y casitas abajo a lo lejos… Experiencias no aptas para personas delicadas del corazón, pero que te dejan una sensación de bienestar y relax absoluto si tienes el valor de hacerlas.

Tras esta actividad, la verdad es que cualquier cosa me hubiera sabido a poco, así que como el viaje estaba llegando a su fin decidí dedicarme a descansar, a pasear por el pueblecito de Monteverde y a comprar los últimos souvenirs que me faltaban.

Y ya por la noche, Grec y Nil vinieron a recogerme a mi alojamiento y fuimos a cenar al restaurante Tree House, un lugar que nos había llamado la atención porque se eleva alrededor de un enorme árbol cuya iluminación de noche es una maravilla. Además, Grec había estado  años atrás y guardaba buen recuerdo de este sitio. Fue una cena muy amena, en la que además de disfrutar de unos platos muy suculentos seguimos contándonos confidencias y riéndonos. Hay qué ver lo bonito que es viajar a tu ritmo y conocer gente tan agradable en el camino, con la cual puedes compartir momentos súper especiales que te dejan un gran recuerdo de esos momentos compartidos.

Llegaba la despedida, pues Grec y Nil partían hacia la zona de Manuel Antonio al día siguiente, y yo me quedaba allí otro día más, ya que en 2 días tenía el vuelo de regreso a Valencia.

Al día siguiente, desayuné sin prisa y cogí el transporte para visitar la reserva nubosa de Santa Elena. Alrededor de Monteverde hay dos reservas (la de Santa Elena y la de Monteverde. Una reserva no llega a tener la categoría de parque nacional y es de carácter privado. En ambas existen diferentes rutas con diferentes niveles cada una. Yo, por precio y facilidad de transporte, elegí la de Santa Elena.

Y aunque animalillos apenas vi (una vez más por ir sin guía), me quedé asombrada con la belleza de este bosque, con una vegetación propia de un clima más húmedo, muy diferente al resto de parques nacionales que había visto anteriormente. El camino lo hice con mucha tranquilidad, tratando de pararme en zonas húmedas para ver si encontraba ranitas, pero mi vista y el hecho de que estas sean animales nocturnos, no ayudaban.

Los caminos están muy bien señalizados, con carteles informativos de los diferentes senderos o de los animales que allí viven. Pasé numerosas escaleras de piedra completamente cubiertas de musgo, puentecitos sobre riachuelos, e incluso hay una torreta que sirve de mirador, donde si subes todos los escalones, puedes contemplar una hermosa vista casi aérea del bosque nuboso.

A la 1pm cogí el autobús de regreso al pueblo de Monteverde. Y una vez allí me acerqué a la estación de autobuses para preguntar por el autobús que me llevaría al aeropuerto al día siguiente y después comí en el centro comercial (que se encuentra justo al lado de la estación). Allí me informaron de que el mismo autobús que se dirigía a San José, hacía una parada en el aeropuerto (lo cual me venía genial, pues mi alojamiento se encontraba en las inmediaciones del aeropuerto), e incluso pude comprar el billete en ese momento.

El tiempo que me quedaba lo dediqué a descansar, a seguir paseando por el pueblo, a hacerme amiga de un perrito con 3 patas que siempre estaba en la puerta de mi hostel y a la vida contemplativa.

Y por fin, al día siguiente, tras hacer mi mochila y despedirme de mis amigos, el perrete y el recepcionista de mi hostel, a las 2pm tomé el autobús a Alajuela. Las 4 horas que me había dicho el chico de la estación que tardaba el autobús de Monteverde a Alajuela, ¡se convirtieron en 6 horas! Ya de noche llegué al aeropuerto. Mi alojamiento, Costa Rica Airport Lodge, estaba a unos 10 minutos andando del aeropuerto, pero la dificultad residía en cruzar las diferentes carreteras y autopistas que lo separaban del aeropuerto. Con la ayuda de un chaval que me acompañó y me dio conversación, finalmente llegué. El alojamiento no es nada del otro mundo, pero es de lo más cercano al aeropuerto que encontré, y barato. Perfecto para descansar unas horas antes del madrugón para coger mi vuelo (que salía a las 6am).

Las fotos jamás harán justicia a los paisajes tan verdes y hermosos que he pisado, ni mi relato, por supuesto, podrá plasmar la amabilidad, o la riqueza cultural, natural y ecológica de la cual presume este país. Me conformo, simplemente con acabar de animar a aquellas personas que tengan en mente viajar a Costa Rica próximamente, y ser de ayuda en la organización del viaje a quienes ya lo estén preparando. Me quedan muchos países por visitar, pero si algún  día quiero volver a respirar aire limpio y vivir la naturaleza en estado puro ya sé dónde regresar…

PURA VIDA, Costa Rica ❤

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