Kefalonia, Lefkada, Meteora, Santorini y Atenas 2018

Las pascuas de 2018 las dedicamos a visitar las islas griegas, un destino al que, tras varias intentonas, le había llegado su momento. Y además, tuve la fortuna de viajar en muy buena compañía: dos buenas amigas y mi hermana.

A la hora de plantearnos el viaje incluímos dos “puntos” interesantes que tenía en mente visitar cuando fuera a Grecia. Uno de ellos era Meteora, un conjunto de monasterios construidos sobre lo alto de unos peñascos que había visto en artículos de viajes y me parecía de lo más interesante. Más adelante os hablo de su historia y podréis ver imágenes.

Otro punto era la cueva Melissani (situada en la isla jónica de Lefkada). Una curiosidad: resulta que tengo programado mi portátil para que, cada vez que lo enciendo, aparezca una imagen distinta (siempre de paisajes del mundo). Y un día apareció una foto que me impactó, era una cueva bajo tierra en la que entraba agua del mar y el sol por la parte superior, pintando éste sus aguas de un espectacular azul turquesa. Así que, tras buscar estos puntos en el mapa (y algún otro punto más típico) trazamos un recorrido circular que podía realizarse perfectamente en 12 días, por carretera y mar. Por ello decidimos alquilar un coche de alquiler (ya que siendo 4 personas nos salía muy rentable) y movernos entre islas con ferries (montando en los barcos nuestro coche de alquiler). Esta es la ruta para los 12 dias:

Días 1 y 2: Kefalonia.

Nuestro vuelo llegaba a media tarde al aeropuerto de Atenas, donde recogeríamos el coche de alquiler, que teníamos reservado en el mismo aeropuerto. Del aeropuerto de Atenas llegamos  a Patras en unas 3 horas, en las que recorrimos la península del Peloponeso por la costa norte. Nuestra idea era dormir cerca del puerto de Patras, y al día siguiente coger el ferry que nos llevaría a Kefalonia, nuestra primera isla jónica. El hotelito que habíamos reservado “Galaxy City Center hotel”, es muy recomendable si vas a coger un ferry temprano, ya que se encuentra muy cerca del puerto, y además ¡el desayuno es espectacular!


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Además de Patras, también se puede llegar a Kephalonia desde el puerto de Killini, pero nosotras elegimos Patras por encontrarse a menos distancia de Atenas. Aquí tenéis los horarios de ambos ferries:

Al día siguiente, tras un desayuno de primera, cogimos el ferry que tardó unas 3 horas en llegar a Sami, el puerto de Kefalonia. Conforme nos aproximábamos a la costa íbamos divisando el encantador pueblecito de Sami, con su precioso paseo lleno de casitas de colores.

 

Aquí nos esperaba Spyros, el propietario de una casita que habíamos alquilado para los próximos dos días. Una casa preciosa que podeis reservar en Airbnb: Bohemian Retreat Kefalonia


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Spyros nos recibió con un sorbete de bienvenida en el hotel Kefalonia, y allí mismo, un chico que él mismo nos presentó, nos explicó todo lo que podíamos hacer durante esos dos días y nos marcó en un mapa los puntos que no debíamos perdernos. Después seguimos a Spyros que nos guió hasta nuestra chocita cerca de Argostoli. Digo chocita pero era una maravilla de casa con piscina y un porche que invitaban a quedarse allí.

Sin embargo, no podíamos desaprovechar los días en Kefalonia y tras la emoción de flipar con lo casa nos pusimos en marcha, camino a una bodega de vinos y una iglesia ortodoxa, que cuando llegamos estaban cerradas. Así que nos conformamos con verlas por fuera.

Viajar en pascuas a islas no tan turísticas  -como por ejemplo Santorini- puede conllevar encontrarte con algunas atracciones turísticas cerradas. Por otra parte, estas fechas tienen algo muy bueno, el calor no es tan sofocante como en verano y el número de turistas es mucho menor, por lo que se disfruta mucho más del viaje.

Al encontrarnos la bodega y la iglesia ortodoxa cerrada decidimos ir a Argostoli, una de las poblaciones principales de esta isla. Aquí buscamos un lugar para comer un buen pescado.

¡Qué rica toda la comida en Grecia! El queso feta, el yogur griego, el tzaziki, el pescado, la carne… Se me hace la boca agua de recordar lo bien que comimos en estas tierras.

En nuestro segundo día en Kefalonia habíamos pensado visitar por la mañana la playa de Myrtos, que debía ser preciosa pero las nubes y el viento helado no nos dejaron verla en su mejor momento. Aun así, paseamos por la playa heladas de frío y hasta encontramos una cueva en el mar.

Finalmente, sin esperanzas de que el sol saliera ni un poquito, subimos hacia Fiskardo, otro pueblecito costero al norte de la isla.  Paseamos, aún con frío, por un paseo que bordeaba la costa y unía una la calita con las típicas casitas de colores frente al mar y el puerto de Fiskardo. Durante el paseo encontramos una antigua escuela abandonada frente al mar. Para cuatro profes fue curioso ver los carteles y mobiliario que aún quedaban en ella. Por último antes de comer, ya con algo de sol, nos dirigimos a la playa de Emblisi, a unos 2km en coche de Fiskardo. Para mí, la mejor playa que vi durante el viaje. La vegetación cubría toda la cala, dejando pocos metros de playa. Era preciosa, tan natural y solitaria. Tan abrigadas como íbamos, empezamos a quitarnos capas cual cebollas…

A pesar de no poder bañarnos, estuvimos muy a gustito recostadas en la orilla charrando y contemplando el horizonte. Pero el hambre apretaba, así que volvimos al coche y pusimos rumbo al restaurante Alexandras, que nos había recomendado el día anterior el amigo de Spyros. Menuda fuente de chuletas de cordero me sirveron, y el queso al horno estaba de pecado… Espectacular cómo comimos, y estupendamente atendidas porque el restaurante estaba casi vacío.

Ya por la tarde fuimos a Assos, otro pueblecito costero de postal situado en la parte oeste de Kephalonia, con sus coloridas casitas alrededor de una pequeña cala. ¡Y todo seguía súper tranquilo! A veces éramos las únicas turistas, y eso nos encantaba.

Como Assos era muy pequeñito nos lo vimos en media horita y aún teníamos tiempo y energía para subir por un camino hacia la montaña para ver su castillo. Éste fue construido a fines del siglo XVI para proteger la villa de piratas y conquistadores, y está en la cima de una colina, ofreciendo espectaculares vistas de Assos y lugares vecinos.

La subidita era ligera, por carretera asfaltada, unos 20-25 minutos andando del pueblecito al castillo. Las vistas durante la subida preciosas, con el pueblecito enclavado en la montaña frente a nosotras.

El camino termina donde se encuentran las ruinas del castillo. Hay como un portón de entrada en pie, y luego un caminito que te va dirigiendo por lo poco que queda del castillo. Sin embargo, la vista que más me impresionó fue la que divisamos al salir de la senda y desviarnos un poquito del camino. Llegamos a una especie de acantilado que parecia el fin del mundo. Las vistas eran brutales. La inmensidad del mar y el sol poniéndose…

Fue un día muy completo, vimos muchas cosas pero gracias a no ser temporada alta era fácil y rápido moverse. Por la noche, compramos para hacernos una ensalada griega y tzaziki en nuestra encantadora villa, ¡Lastima que aún hacía frío como para bañarnos, tanto en la piscina de la casa como en las playas paradisíacas que estábamos encontrando!

Al día siguiente sólo nos quedaba ir a la enigmática Melissani Cave. Enigmática porque hasta el último momento no pudimos saber si estaría abierta o no. Por suerte, ese día abría, ya que en estas fechas puede permanecer cerrada algunos dias a causa de la marea. La cueva se encuentra a las afueras de Sami, en la parte este de la isla. Cogimos ya las maletas, pues el ferry a Lefkada que debíamos coger a las 14h salía desde el puerto de Sami. En la tienda de souvenirs que hay en los exteriores de la cueva Melissani nos informaron de que abrían al público a partir de las 11am. La horita que nos quedaba decidimos pasarla en Agia Effimia, un pueblo a unos 5km de Sami. De este pueblecito me quedo con su cementerio, cara al mar. Me impresionó ver las tumbas con esas magníficas vistas, incluso una mini calita con aguas cristalinas al pie del cementerio, por si a los difuntos les apetecía un baño íntimo 😉

Volvimos a ver la cueva, ya que a mediodía cogíamos el ferry a Lefkada. El precio de la entrada es de 7€. Las escaleras y la rampa “artificiales” que conducen a la gran cavidad contrastan con la belleza natural de esta. Recomiendo visitar la cueva Melissani entre las 11an y la 1pm, ya que a esas horas el sol está en su punto más alto y el agua dentro de la cueva adquiere un color azul precioso.

Una maravilla de la naturaleza que nos dejó un sabor de boca muy dulce, fue como la guinda final de Kefalonia.

Para ir a Lefkada no había ferry directo, por lo que tuvimos que coger un ferry a Astako, y de ahí ir en coche hasta Léucade (al norte de Lefkada), donde nos alojaríamos. Por el camino, ya entrando en Lefkada, disfrutamos de esta bella puesta de sol.

Ya al anochecer llegamos a nuestro hotel, Lefkadio Suites, un hotel muy nuevo y elegante en el que éramos prácticamente los únicos huéspedes. Nuestro apartamento para 4 personas era amplio y muy bonito.  Y los desayunos, riquísimos y muy completos. Nos trataron como reinas. Una vez más, notamos la especial atención que recibíamos por ser aún temporada baja allí.


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Días 4 y 5: Lefkada

En día y medio pudimos ver esta isla, de menor tamaño que Lefkada. El primer día en Lefkada queríamos ver por la mañana la playa de Porto Katsiki, situada al suroeste, pero tras recorrer 3/4 partes de la sinuosa carretera, nos la encontramos cerrada por obras. ¡Una lástima no poder ver esta playa, una de las más famosas de Lefkada, y ademas porque ya ibamos algo mareadas de tanta curva! Cambio de planes: deshicimos parte del camino para volver hacia la playa de Mylos y el pueblecito Agios Nikitas.

Este pueblo lleno de apartamentos de alquiler y pequeños hotelitos, se encontraba, como todos los que habíamos visto, desierto. Sólo un grupo de obreros acabando de poner a punto un restaurante. Según nos dijeron, la semana santa allí empezaba el siguiente fin de semana, por lo que volvíamos a tener la playa para nosotras. El tiempo nos permitió quedarnos en ropa de baño, pero el mar estaba movido y bañarse no era una opción. Tras pasear y explorar la playa del Agios Nikitas, cogimos la senda de montaña que llegaba a la playa de Mylos. Esta es una playa muy larga y salvaje, y más en estas fechas. El color azul turquesa característico de la isla predominaba tanto desde lo alto como a pie de playa. El camino se hace en unos 25 minutos andando.

Tras esto, en el único restaurante abierto de Agios pudimos disfrutar de pescado fresco sin más compañía que los gatos callejeros que nos miraban y seducían atentos. Un lujo, vamos…

Tras el banquete continuamos ya de vuelta hacia Lefkada parando en otras playas que no nos gustaron tanto como las anteriores, quizás porque el estado del mar no acompañaba demasiado. La última parada antes de volver fue en el monasterio de Faneromeni. Los monjes que allí residen conservan el lugar impecable, sus jardines incluyen un pequeño zoo y unas bonitas vistas al mar.

Para rematar el día decidimos ir a un punto en la carretera para ver el atardecer. En Google Maps aparece como “Great Sunset View”. Y no nos defraudó:

Era nuestro último atardecer en Lefkada. Mañana por la mañana tocaba ver la parte este, una cascada y un par de playas que nos habian recomendado. Y sobre el mediodía seguir nuestra ruta en coche hacia Meteora, cambiando los paisajes isleños por paisajes de montaña.

Al dia siguiente nos despertamos y desayunamos sin prisas, pues disponíamos de toda la mañana para ver la cascada de Nidrí y relajarnos en sus playas.

Las cascadas eran de fácil acceso. Se trata de seguir un caminito corto (1km o menos) que han construido junto al rio, en el cual pasas por pequeños remansos de agua hasta llegar a la cascada más alta de todas.

Tras esta pequeña excursión, fuimos a ver la playa de Nidrí. Esta playa me gustó mucho, a pesar de que no tenia ese azul característico de las playas de Lefkada. Creo que por su abundante vegetación me recordó a playas que he visto en países tropicales.

Aunque nos veáis abrigadas en la foto, el ratito que estuvimos tumbadas nos quedamos en bikini y pudimos captar una buena sosis de vitamina D, toda para nosotras 😄 Es lo que tiene el clima en Pascuas!

Después seguimos hacia el norte buscando algún rincón costero atractivo, y volvimos a parar en la playa de Lygia. El agua estaba cristalina pero el paisaje no era tan bello como el se Nidrí.

No nos detuvimos en la playa de Lygia mucho tiempo ya que nuestros estómagos empezaban a reclamar atención. Decidimos iniciar nuestro trayecto de 4 horas hacia Meteora, y parar por el camino a comprar pan y mezcla para hacernos unos sandwisánd y economizar euros y tiempo.

La carretera desde Lefkada hasta Meteora es tipo nacional al principio, y después, en la mayor parte del camino, autovía. Y el paisaje va cambiando progresivamente, de islas y playas a zonas montañosas con sierras cubiertas de nieve, pero siempre coloreado de verde.

Dia 5/6: Meteora y Atenas.

Algo de historia sobre Meteora…

Monasterios a 600m de altura y habitados desde el s.XIV, erigidos sobre enormes formaciones rocosas talladas por la erosión. Los primeros monjes que habitaron los Meteoros (en griego, “rocas en el aire”) en el s.XI eran ermitaños que vivían en cuevas y querían estar más cerca de su Dios. Antiguamente, las personas debían ser izadas en una cesta para acceder a estos templos.

La mayoría fueron destruidos durante la II Guerra Mundial por las tropas alemanas, porque la resistencia griega se refugió en ellos. En la actualidad, son un importante lugar de monacato cristiano ortodoxo griego y desde el año 1988 forman parte del Patrimonio de la Humanidad elegido por la Unesco.
El paisaje impresona ya de por sí, pero aún más cuesta imaginarse al valiente que se le ocurrió construir en lo alto y cómo se las apañarían…

Con mucha curiosidad de ver por fin estas  maravillas, fue llegar sobre las 6pm, y tras trasladar nuestras maletas del maletero a la habitación nos tomamos un cafecito energizante y fuimos a ver el monasterio más cercano a la ciudad de Kalambaka. Y una iglesia ortodoxa construida en el siglo X y situada a los pies de un gran peñasco.

El resto de monasterios más famosos y visitables los visitaríamos al día siguiente.

Aunque Meteora no es un punto que se suele tener en cuenta cuando se visitan las islas griegas y Atenas, te recomiendo encarecidamente visitarlo. Con un diay medio o dos es suficiente para viaivislos principales monasterios que son visitables. Es un capricho de la naturaleza que invita al misticismo.

Aquí os dejo algunas fotos que no hacen justicia a la impresionante realidad…

 

Con muy buenas vibraciones por haber visitado unas maravillas como estas continuamos la ruta hacia la capital, Atenas. Aquí dormiríamos una noche para volar bien temprano mañana hacia Santorini.

Al llegar sobre las 5 de la tarde a nuestro céntrico y moderno apartamento, The Athenians Modern Apartments aprovechamos para dar un paseo por el barrio de Plaka.


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Por primera vez en nuestro viaje, encontramos bastantes turistas, lo cual era lógico pues nos encontrábamos en el barrio más característico de la capital griega, y además acababa de empezar la semana santa en Grecia.

La verdad es que este barrio me pareció encantador. Pasear por él supone encontrarte con hermosas calles empedradas, tiendas de souvenirs de las cuales cuesta huir, plazas y jardines, atractivas terrazas de restaurantes, e incluso algunos restos arquitectónicos de la antigüedad.

Rodeando el paseo de la Acrópolis, subimos a unas rocas elevadas que hacen de mirador, encontrado un lugar ideal para ver otro precioso atardecer.

Para cenar, y puesto que cada una tenía unas preferencias, nos dividimos. Una cenó souvlaki (un plato tipico griego parecido al kebab con pan de pita pero servido en plato y en forma triangular), y el resto nos zampamos una moussaka y ensalada griega.

Los precios para comer son bastante competitivos en Atenas, aunque hay de todo y se trata de buscar lo que mejor se adapte a tu bolsillo y apetencia.

Conforme terminamos de cenar, volvimos al apartamento para aprovechar las pocas horas de sueño que nos quedaban. A las 4am nos debíamos despertar para ir al aeropuerto. La chica de los apartamentos nos reservó un taxi, que pagándolo entre cuatro nos salía rentable, y más rápido que ir en bus.

Dia 7, 8 y 9: Santorini

Nuestro vuelo llegó a las 8 de la mañana a Santorini. Recogimos el mini coche que habíamos reservado y condujimos, no sin ciertas risas y sustos (pues era un vehículo automático y ninguna estábamos familiarizadas con este tipo de coches), hacia Perissa, donde se encontraba nuestro alojamiento, Amaryllis hotel. Al coger las habitaciones mas económicas nos habían ubicado unas habitaciones en el semisótano con bastante humedad y poca luz y ventilación, pero hablamos con Marcos, el encargado, y nos reubicó (pagando 5€ más por día) en dos habitaciones con balcón y en la planta baja, que nos dejaron satisfechas. Estuvimos muy a gusto durante nuestra estancia, en la que siempre estuvieron dispuestos a ayudarnos con cualquier duda o solicitud. Los desayunos, tipo buffet, eran muy completos también. Y para rematar, disponen del restaurante Aquarium, en la playa de Perissa, donde creo que comimos y cenamos la mayoría de veces porque la calidad/precio era excelente (y además te hacen un 10% de descuento por ser huésped del Amaryllis hotel).


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La verdad es que después de visitar las ciudades de Fira y Oía, nos dimos cuenta de que habíamos acertado con la ubicación de nuestro hotel, en Perissa, una zona mucho más tranquila y económica. Y como la isla la puedes recorrer en unos 45 minutos de punta a punta, nos agradaba la idea de meternos en la multitud un ratito al dia, cuando atardecía, y pasar las horas de mas calor en las playas que casi todas se encontraban en la parte este, cercanas a Perissa.

El primer día en Santorini nos lo tomamos con tranquilidad. Primero pasamos la mañana en la Black beach de Perissa, disfrutando de unas olivitas negras y unas cervezas Mythos bien fresquitas, relajadas en esta playa de arena volcánica.

Comimos y volvimos a echarnos la siesta al hotel, pues después del madrugón andábamos algo alicaídas.

A eso de las 5 de la tarde cogimos el coche rumbo a Fira, la ciudad principal de Santorini. Sus callejuelas, sus blancos hoteles y casas cubriendo la oscura montaña, el mar de fondo… Preciosa.

Eso sí, muchos turistas everywhere, a lo que hasta ahora no estábamos acostumbradas. Pero era normal, nos encontrábamos en Santorini, portada de miles de folletos de viajes, una de las islas más visitadas de Europa, donde llegan cada día cruceros cargados de gente que normalmente se queda a pasar el día en Fira. Aún así, el atardecer no perdió su encanto.

Y mola ver el cambio de tonalidades que experimenta la ciudad del paso del día a la noche.

Al día siguiente vimos por la mañana la playa de Vlychada. Esta playa se caracteriza por su arena oscura y unas formaciones rocosas muy peculiares que le dan un toque lunar de lo más sugerente.

Nos pareció una playa muy tranquila y “salvaje”, sin locales ni chiringuitos a la vista (al menos en estas fechas).

El tiempo no acompañaba, así que después de un paseo por la playa decidimos aprovechar ese rato nublado para cobijarnos en un restaurante mientras comíamos.

Disfrutamos de varias tapas de marisco y pescado en un bonito restaurante, al borde de un muellecito a medio camino entre Vlychada beach y la Red beach.

Ya por la tarde continuamos con nuestra estresada agenda, tumbadas al sol en la Red beach, playa que hace honor a su nombre, pues el saliente de tierra que la rodea es rojizo.

Sobre las 5pm volvimos al hotel para darnos una ducha rápida, y salimos hacia Oía. Qué decir de esta ciudad? Me enamoró!! Digamos que es como Fira, pero versión mejorada.

 

 

Y el atardecer, espectacular. Soy una amante de los atardeceres y siempre voy buscándolos, pero indudablemente el de este día en Oía entró en mi top 10.

Pero aquí no terminó la cosa… Ya en el camino de vuelta a nuestro restaurante preferido en Perissa, vimos a lo lejos, brillando en la oscuridad de la montaña, unas hileras de minúsculas llamas. No podia ser un incendio porque las llamas formaban hileras y eran muy pequeñitas. Conforme nos fuimos acercando, nos caímos en que debía ser un rito relogioso relacionado con la semana Santa. Decidimos desviarnos de nuestro camino para ver aquel espectáculo de cerca. Pero a unos 2km de aquel pueblo, que según nuestro Google maps se llamaba Pyrgos, nos quedamos encajadas literalmente por la cantidad de coches atascados en la carretera. Decidimos dejar el coche (no muy bien aparcado) y continuar a pie lo que pudiéramos. El espectáculo era divino, nunca mejor dicho. Y lo mejor, lo habíamos encontrado sin esperarlo!

Estábamos alucinadas con las vistas, pero nos preocupaba haber dejado el coche mal y decidimos volver. Nos quedamos con las ganas de haberlo visto in situ, pero nos quedamos con la belleza inesperada que nos causó esta celebración religiosa.

 

Al día siguiente, tras el potente desayuno que nos cascábamos todos los días, fuimos a ver otra playa. Realmente la playa se encontraba al otro lado del peñón de la Black beach, pero la única carretera que comunica Perissa de la playa nos obligaba a dar una vuelta enorme. La playa era similar a la playa de Perissa, de arena negra o volcánica, pero en este caso el peñón quedaba en la parte opuesta. No nos sedujo como las playas anteriores pero ya que estábamos nos relajamos un ratito en las toallas. Aunque no eran unas Pascuas muy calurosas, la verdad es que pudimos tomar el sol la mayoría de dias de playas.

A mediodía, volvimos a nuestro restaurante comodín, y nos despedimos de Santorini comiéndonos esta deliciosa moussaka hecha por la madre de Marcos. Espectacular!

Tras descansar un poquito en el hotel, fuimos a ver un pueblecito cercano a Perissa pero mas al interior de la isla: Emporio. Aunque suene a marca pija, el pueblecito nos sorprendió por su carácter rústico auténtico.

Si bien puede engañar desde la carretera, si le das una oportunidad descubrirás un pueblecito encantador. Callejuelas sinuosas súper estrechitas con muros redondeados blancos o colores ocres. Una placita con una terraza bohemia. Nada que ver con Oia y Fira, ciudades postal mucho más grandes y masificadas. En Emporio no nos cruzamos con turistas, y sin embargo la autenticidad de sus fachadas y sus solitarias callejuelas nos fascinaron.

Por la tarde queríamos volver a la Black beach ya que así estaríamos cerquita para volver a por nuestras maletas al hotel antes de ir al aeropuerto. Pero el mal tiempo no nos dejó muchas más opciones que pasar la tarde vagabundeando entre los barecitos de la playa de Perissa y el hall de nuestro hotel.

A media noche teníamos el vuelo de vuelta de Santorini a Atenas. Nos despedimos tristes de Marcos y de su restaurante, del cual nos llevábamos un grato recuerdo y un par de kilitos cada una 😄, y nos dispusimos a conducir hacia el aeropuerto, en Fira.

Mis impresión general sobre Santorini es que es una isla “diferente” por el armónico contraste entre sus tierras oscuras y sus construcciones blancas. No esperes playas de arena blanca y aguas turquesas. Sus playas son otro rollo pero muestran una belleza singular. Sus pueblecitos, con sus sinuosas callejuelas, sus suelos empedrados y brillantes, sus iglesias y campanarios con la caldera y el mar de fondo… una joya del Mediterráneo.

Día 10 y 11: Atenas.

Nuestra ultima parada en Grecia fue en Atenas. Aunque 3 días atrás habíamos  podido pasear por su centro histórico, estos días podríamos por fin entrar en la Acrópolis de Atenas y ver, con nuestros propios ojos y sin libros de texto de por medio, los restos de esa gran civilización antigua de la que cada año hablamos a nuestros alumnos en el cole.

El primer día que intentamos acceder a la Acrópolis estaba cerrado por ser festivo. Ese dia lo dedicamos a callejear por Atenas, vimos la enorme y reivindicativa plaza Stynagma, comimos cordero que andaban muchos restaurantes con motivo de la festividad religiosa y compramos souvenirs en las tiendecitas del centro.

En nuestro último día quisimos madrugar para llegar temprano a la Acrópolis y verla sin prisas. Decidimos unirnos a una guía de habla hispana que se nos ofrecio cuando hacíamos cola, y aunque el precio era elevado, las curiosidades y datos que nos contó valieron hicieron que sacáramos mucho mas provecho a la visita al Acrópolis.

Para terminar, por 5€ más sacamos la entrada del museo del Acrópolis, situado justo en frente de ésta. En este museo se encuentran, por ejemplo, las Cariátides originales, que fueron sustituidas por copias en la Acrópolis con el fin de que aquí estuvieran más protegidas. Y en la segunda planta se puede ver un vídeo ilustrativo muy interesante sobre el Partenón.

 

Algo de historia sobre el Partenón…

Conocemos con el nombre de Partenón al templo dedicado a la diosa Atenea. Data del siglo V a.C. y es el punto protagónico de la Acrópolis ateniense. Se le considera el edificio existente más importante de la Grecia Clásica y ha sido y es, modelo arquitectónico e inspiración de infinidad de obras. Por sus proporciones y exquisitez, supone el mejor ejemplo del orden Dórico y tanto sus estructura como las piezas escultóricas que lo decoraban, son obras de arte de valor incalculable.

Del Partenón que hoy vemos, al que engalanaba la Atenas del siglo V a.C. hay muchas diferencias. No solamente porque el tiempo ha borrado el tejado, sino porque sus muros estaban adornados con magníficos frisos, cuyos restos hoy “descansan” en el Museo Británico de Londres. Hay mucho por saber del Partenón, aquí dejamos algunos datos y curiosidades que seguramente agregarán valor a tu visita:

 

  • El Partenón fue construido en el lugar de un antiguo Templo de Atenea, destruido en la invasión persa del año 480 a.C. A sus restos se les llama Pre-Partenón o el Partenón Antiguo.
  • El monumento sirvió como Tesoro de la Confederación de Delos, base del Imperio Ateniense.
  • La construcción del Partenón fue supervisada por el escultor Fidias que también estuvo a cargo de la decoración escultural del edificio. Pero los arquitectos del Partenón fueron Ictino y Calícrates.
  • La construcción comenzó en el 447 a.C y fue completado casi en su totalidad en el 432 a.C. La decoración se terminó un año mas tarde, ene l431 a.C.
  • Entre los restos del Partenón se encontraron apuntes económicos de su construcción. Así sabemos que lo más caro de toda la obra fue el traslado de la piedra desde el Monte Pentelicus hasta la Acrópolis, aproximadamente 16 kilómetros.
  • Las medidas de la base del Partenón son 69.5 metros por 30.90 metros.
  • El monumento tiene 46 columnas exteriores y 19 interiores.
  • En el Partenón había sólo una pieza esculpida por el propio Fidias. Se trataba de la estatua de Atenea que se encontraba en la naos, la sala más importante y corazón del templo.
  • En el siglo VI de nuestra era, el Partenón fue transformado en una iglesia cristiana dedicada a la Virgen María.
  • En el 1444 los Otomanos conquistan Atenas. En un principio utilizaron la estructura del Partenón y la iglesia como polvorín para luego transformarlo en una mezquita, llegando a construir un minarete que fue derribado en 1832.
  • El 26 de septiembre de 1687 los venecianos bombardean el Partenón destruyendo en gran medida la estructura clásico y la mezquita. Ese día se destruyen muchas de las esculturas que seguían embelleciendo al monumento.
  • En 1806, durante el dominio turco y con permiso del gobernador, el 7mo.Conde de Elgin Thomas Bruce extrae las esculturas que quedaban y las lleva a Londres donde las vende 10 años después al Museo Británico.

 

Y hasta aquí llegan mis vivencias por tierras griegas. Un viaje fácil, muy completo y bien aprovechado, dónde disfrutamos del suave clima, la gastronomía y los hermosos paisajes de nuestro querido Mediterráneo.

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