6. Arenal en 2 días.

Para viajar desde Puerto Viejo hasta Arenal tenía dos opciones: con autobús público (por 20$ y unas 6-7 horas de trayecto, que por experiencia sabía que acabarían siendo 8) o shuttle privado (60$ y unas 4 horas de trayecto). Esta vez decidí gastarme los cuartos pero ganar algo de tiempo de ese día y no terminar con el culo cuadrado.

El shuttle pasaba a las 9am por la puerta de tu hostel. En mi caso, como lo tenía al lado de la oficina de Interbus, acudí a la oficina. Y sobre las 9:20am, tras recoger al resto de pasajeros, llegó la furgonetita. Resulta que todos éramos españoles. Un grupo que había reservado un viaje a través de una agencia, un papá viajero con su hijo, y yo. Por el camino fuimos conversando y nos intercambiamos los teléfonos, ya que iba a coincidir con ellos tanto en La Fortuna como en Monteverde, dos días más tarde.

Sobre las 2pm llegué a mi alojamiento en La Fortuna, el Hostel Backpackers La Fortuna. Este alojamiento está muy céntrico (justo al lado de un supermercado y numerosas tiendas y restaurantes), y tiene habitaciones compartidas por 10$. En mi caso me dieron una de 6 camas, pero era muy pequeña y no tenía ventana, por lo que olía un poco a humedad. Les pedí amablemente si podían cambiarme a la habitación de Lidia y Anabel, más amplia y ventilada, y lo hicieron sin problema.


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Tras acomodarme, en la recepción del hostel me informé de la posibilidad de hacer una excursión al día siguiente a Río Celeste, ya que por internet me había parecido algo interesante para hacer aquí, además de ver el grandioso volcán, por supuesto. ME informaron de que dicha excursión era una experiencia muy interesante siempre que el río estuviera celeste, y no turbio por las lluvias. Ellos se comprometieron a llamar al día siguiente temprano a una persona que se encontraba en el río, para informarme del estado del agua, y poder decidir si hacer la excursión o no. Para ello, me dijeron que bajara al día siguiente temprano, a eso de las 7am, para que, en caso de que el río estuviera celeste, pudiera empezar a tiempo la excursión.

El resto del día, como el volcán estaba totalmente cubierto por la niebla, lo dediqué a pasear por el centro de La Fortuna, un pueblo en crecimiento constante, que se encuentra a una distancia, desde mi punto de vista, poco prudencial del volcán Arenal. Según me explicaría al día siguiente Óscar, un chico fotógrafo que vive en La Fortuna, se trata de puro marketing e instinto de negocio. Cuanto más cerca del volcán, a más turistas atraen. Y cuantos más turistas, más ganancias.

Parque La Fortuna

El pueblo de La Fortuna está plagado de alojamientos, tiendas de souvenirs y restaurantes de comida de todo el mundo, muestras de lo turístico que es.

La suave pero constante lluvia puso fin a mi paseo. Pedí una pizza en una pizzería al horno que se encuentra a unos 50m del Arenal Backpackers hostel y me la comí mientras charraba con dos chicas mexicanas que también se alojaban allí.

Al día siguiente, compré el desayuno en el supermercado que está contiguo al hostel y me dirigí caminando a la catarata de La Fortuna. Del centro de La Fortuna a la Catarata hay unos 5km, pero los 3 últimos son matadores, pues siempre son en cuesta ascendente. Eso sí, pasas por paisajes muy bonitos.

Al cabo de unas dos horas de caminata a ritmo tranquilo, parando en un par de comercios de café local que me llamaron la atención, llegué bien sudadita a la catarata. El precio de la entrada es de 15$. La verdad es que no sabía que hubiera que pagar, pero después del pateo no me iba a volver. Y sinceramente, merece la pena. Yo ya iba con bañador, preparada para el baño en el río, pero si lo prefieres hay disponibles unos vestuarios y aseos en los que te puedes cambiar. Incluso hay un restaurante en la zona de arriba, la de la entrada.

Vista de la cascada desde mirador alto

Tras alucinar con las vistas panorámicas de la catarata (desde arriba), comencé a descender los 500 escalones (casi nada…) que bajaban hasta el río y la parte inferior de la catarata. Mucha gente no baja pero yo lo recomiendo, siempre que tus fuerzas lo permitan. Además, cada cierto número de escalones hay un recoveco para descansar con carteles motivadores que te lo hacen más llevadero…

Echando fotos, me encontré con Grec y Nil, el papá y el nene que había conocido en el shuttle privado de Puerto Viejo a Limón. Estuvimos charrando un poquito, y quedamos en vernos por Monteverde, ya que aquí en La Fortuna teníamos planes incompatibles. Al final de los escalones llegas al río, y aunque me sobraban turistas, el lugar era una pasada de bonito.

Serían sobre las 11:30 de la mañana, y me dispuse a subir los escalones de vuelta y regresar a La Fortuna. Así comería en el pueblo y por la tarde, si me daba tiempo, me acercaría a ver el volcán (si estaba visible) e incluso a recuperarme físicamente tras la caminata, con un baño en unas aguas termales.

Mientras caminaba, un coche se paró, y el conductor se ofreció a llevarme hasta La Fortuna. Mi instinto me hizo confiar y subir al coche. Resultó ser Óscar, un fotógrafo profesional que se encontraba en busca de buenas fotos de paisajes, y por eso había acudido a la catarata. Por el camino se ofreció a acompañarme a un punto estratégico para ver el volcán Arenal, con unas vistas espectaculares. Como no había comido, aproveché que se conocía la zona para pedirle que me recomendara algún sitio para comer un buen ceviche. En el restaurante, mientras disfrutaba del rico ceviche y charrábamos, el volcán se iba despejando poco a poco. Fue muy interesante conocer a Oscar, pues además de enseñarme su trabajo (un montón de espectaculares fotografías de paisajes y retratos de modelos) me acompañó a por mi querido ceviche. Y para rematar, me llevó a contemplar el volcán desde una especie de hacienda privada donde las vistas son una pasada.

Volcán Arenal (lo más descubierto que pude verlo)

Tras poder ver el volcán a tan poca distancia y desde una perspectiva tan favorecedora, ni barajé ya la posibilidad de entrar al parque nacional Arenal.

Estuvimos haciendo tiempo, y fotos, para ver si la pequeña nube que tapaba la cima del volcán se movía, pero como parecía estar anclada Óscar me propuso cambiar de lugar, y por tanto de perspectiva. Por supuesto, acepté. Nunca mejor que encontrarse a alguien del lugar para que te enseñe lugares estratégicos que los turistas no suelen conocer. En este caso, se trataba de una zona privada, perteneciente a una empresa de deportes de aventura. Dejamos el coche en el parking y allí mismo permanecimos contemplando el volcán otro largo rato.

Aunque la nube no se fue en todo el tiempo, yo estaba super satisfecha de haberlo visto desde aquellos lugares tan bonitos. Además, era una privilegiada, ya que , por lo que me contó Óscar, es poco frecuente que esté visible, pues en esta zona llueve todos los días practicamente, y el cielo casi siempre está cubierto de nubes.

Ya sobre las 4pm le pedí a Óscar que en vez de retornarme a la Fortuna, me dejara a mitad de camino, donde se encontraban las aguas termales Baldi, las que había decidido visitar. Nos despedimos y quedamos en cenar esa noche (si salía de las termas con ánimos).

¿Por qué escogí estas termas? Por la cantidad de piscinas (25 piscinas, aunque cuando yo fui unas 5 permanecían cerradas por mantenimiento), por las buenas opiniones que leí en internet, y por que tienen un precio asequible (35$). Enclavadas en medio de la vegetación del bosque tropical húmedo, y alimentadas por cristalinas cascadas, estas piscinas de aguas termales tienen propiedades curativas gracias a su riqueza en minerales.

Además de todas las piscinas simulando lagos naturales y que no te las acabas, y de otras tantas cascadas, también hay restaurantes con la barra dentro de algunas piscinas (para poder pedir y disfrutar de tu bebida sin salir del agua,…), aseos, duchas, taquillas (de pago)… Ellos te prestan una toalla a cambio de un depósito de 5$, que te devuelven cuando dejas de nuevo la toalla. Yo no hice uso de las taquillas, ya que porté mi mochila todo el tiempo e intentaba dejarla cerquita y echarle un ojo de vez en cuando. Tampoco había casi gente y todos íbamos en bañador y muy relajaditos, por lo era complicado que algún amante de lo extraño pudiera cogerla…

Al final de la jugada, creo que conseguí recorrer todas las piscinas, aunque en algunas ardía tanto el agua que no fui capaz de sumergirme entera.

Piscina de aguas termales, recién iluminada

Ya con los dedos más que arrugados, y habiendo presenciado el cambio de tonalidades que se producía al anochecer cuando se encendían las luces, decidí vestirme y buscarme la vida para volver a La Fortuna. Pero la verdad es que el espacio es tan bonito que daba penica irse.

Ya en el parking de las termas, coincidí con una pareja que esperaban un taxi y les propuse compartir el taxi y el coste del mismo, así que la vuelta me salió por 2$.

Tras una ducha revitalizante en mi hostel, salí a la entrada, donde había quedado con Óscar, que me iba a llevar a cenar a algún restaurante recomendable de La Fortuna. Cenamos muy bien en un restaurante muy tranquilito que estaba a las afueras, pero que por desgracia no recuerdo su nombre. Pedí un cordon blue acompañado de espárragos verdes y arroz, pero el plato era tan abundante que no pude comerme ni la mitad. Óscar fue muy amable invitándome a cenar, ya que con lo bien que se había portado esa misma tarde llevándome a ver el volcán desde aquellos sitios tan chulos ya estaba súper agradecida.

Luego me propuso ir a tomar una copa, pero la verdad es que las termas me habían dejado tan relajada que los ojos se me cerraban y necesitaba descansar, así que volví a agradecerle su generosidad y me fui a dormir. Bueno, antes de dormir, en una oficina cercana a mi alojamiento, reservé el trayecto de La Fortuna a Monteverde por 20$, ya que en mi hostel me costaba 25$.

Continúa leyendo… Costa Rica, parte 7: Monteverde

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