3. Corcovado en 4 días.

Entrando por Puerto Jiménez y saliendo por bahía Drake

Por la mañana bien prontito nos levantamos, desayunamos espléndidamente como siempre y cogimos el bus que nos llevaba a la estación de autobuses de Quepos, para allí coger el/los buses necesarios hasta Puerto Jiménez. En taquilla nos dijeron que el siguiente autobús salía en una hora, y esperar tanto no nos hacía mucha gracia. Buscamos otras opciones…  Y tras valorar si cogíamos un taxi “ilegal” que nos llevaba a Uvita por la mitad que los taxis oficiales, vimos aparecer un bus de otra compañía al que preguntamos, y resulta que salía hacia Uvita en 5 minutos. ¡Qué suerte la nuestra! Llegamos a Uvita en una hora o poco más, y allí, en la misma parada donde nos dejó el bus, unas personas locales nos indicaron quedebíamos tomar el autobús a Chacarita. Aproveché para comprar provisiones hasta que llegara el bus, y sobre las 11 de la mañana subimos al bus, que en unas 2 horas y media más llegó a Chacarita. El paisaje y el clima iban cambiando conforme nos acercábamos a la península de Osa. Nubes, lluvia intensa, espesa vegetación (más si cabe)…

Sobre las 14.30h llegamos a Chacarita. Y allí nos refugiamos de la intensa lluvia en una gasolinera, que además era donde debíamos coger nuestro último autobús, a Puerto Jiménez. A las 15h aproximadamente pasó el autobús, y sobre las 17h llegábamos por fin a Puerto Jiménez, donde habíamos quedado con Brian, el guía con el que caminaríamos durante los 2 días siguientes por el Parque Nacional de Corcovado.

Con nuestro guía concretamos detalles del día siguiente, hicimos una compra de avituallamiento (barritas energéticas, frutos secos, snacks y plátanos, que es de las pocas cosas que se pueden entrar al parque), y cenamos en una soda de unos conocidos suyos, cogiendo fuerzas para la larga caminata que nos esperaba al día siguiente… Allá donde fueres, haz lo que vieres… Pues eso, copiándome de Brian me pedí una sopa negra (sopa de frijoles y arroz) a la que agregaba un montón de ingredientes más, como huevo, aguacate, pico de gallo, etc. Me iba a venir muy bien para coger energías… ¡¡No imaginaba lo que me esperaba al día siguiente…!! Y prontito a descansar…

A las 4am nos levantamos, y a las 4.30am partíamos de Puerto Jiménez en un jeep para llegar sobre las 6am a la estación de Carate, justo a la entrada del parque. Habíamos formado un grupo diverso de 5 personas: Anabel y yo, españolas; Cloey y su reciente marido, cuyo nombre no conseguí aprender, coreanos; y Angela, alemana. Con ellos pasamos un par de días estupendos, aunque duros por la caminata exprés que realizamos.

Vistas al amanecer, cerca de Carate

Desde Carate, comenzaríamos la caminata de 21km haciendo una primera parada a unos 2km en la estación de La Leona, donde los guardas de la estación me dejaron una cuerda de plástico para que me atara las suelas a mis botas (ya que al poco de empezar, del contacto con el agua de un par de riachuelos que cruzamos, se separaron). Sí, mis botas de montaña, que había traído de España especialmente para hacer esta caminata decidieron abandonarme nada más empezar a caminar… Experiencias que te hacen aprender (a la próxima intentaré chequear o incluso comprar unas botas nuevas y resistentes, que no me abandonen a la primera de cambio…).

Tras esta primera parada, continuamos alternando nuestro camino entre largas playas y por dentro de la selva, siempre a toda prisa (para evitar que las altas mareas nos impidieran continuar nuestro camino).

Una de las muchas interminables playas de arena volcánica que atravesamos

El invento MacGyver de atar las suelas aguantó un par de km como mucho y media docena de riachuelos más, pero al cruzar una zona de playa donde la alta marea nos cubría casi hasta la cintura… pasó lo inevitable. Crucé lo más rápido que pude la peligrosa zona (rezando porque la cámara y el móvil no se mojaran y por conservar las suelas atadas), pero al llegar a tierra firme y seca, comprobé que mis suelas ya no estaban, sólo las cuerdas atadas a mis botas, que me quité porque ya no tenían utilidad alguna…

Así que respiré hondo (al menos el móvil que se me había mojado, seguía vivo) y me armé de valor para continuar lo que me quedaba de camino, que no era poco, con lo que me quedaba de botas, que más bien parecían escarpines…

Coatí bebiendo

Caminamos varias horas con pocas y breves paradas para descansar y vimos bastantes animales (coatí, monos aulladores, arañas,…) viviendo en total libertad, en su hábitat natural. Aunque no pudimos disfrutarlos muchos por que se nos hacía tarde.

Otro coatí
Ranita venenosa Golfo dulce
Mono colorado
Colibrí
Mono carablanca
Serpiente
Oso hormiguero
Coatí y su cría, buscando alimento

Por fin, sobre las 4pm, llegamos a Río Claro. Allí nos encontramos con la desembocadora de un enorme río, que de claro poco tenía (imagino que debido a las lluvias de días anteriores), y que debíamos cruzar una vez más andando.

Brian nos informó de que podía haber cocodrilos, pero que debíamos cruzarlo sí o sí. Bueno, o darnos la vuelta (ahora que sólo nos quedaban unos 3kms de los 21km). Sinceramente, al principio no le creí… hasta que vi cómo se preparaba y se adentraba en el río con el gesto serio… En unos 5-10 minutos en los que se palpaba la tensión del grupo, y mientras nos quedábamos en ropa de baño, impermeabilizábamos todo lo que llevábamos dentro de las mochilas y nos ajustábamos éstas lo más arriba posible para que no se mojara nada importante, hicimos piña y comenzamos a cruzar lentamente el río.

Yo miraba continuamente alrededor, alerta de no ver nada extraño, y bastante acobardada, todo hay que decirlo. Los dos minutos que tardamos en llegar a la otra orilla se me hicieron larguísimos, pero por fin, todos respiramos tranquilos cuando pisamos tierra firme. Con la tensión descargada, aprovechamos para darnos un baño en la orilla del río, yo me remojé y salí pitando, no quería tentar a la suerte. Y mientras alucinaba con la osadía del grupo que allí seguían disfrutando del baño, vi un cocodrilo moverse lentamente por el río, por suerte a cierta distancia de nosotros.

Cocodrilo cruzando Río Claro

Todos fuimos conscientes de la suerte, y a la vez del peligro que habíamos corrido… Lo que me cuesta es entender cómo se la juegan los guías una y otra vez trabajando en Corcovado, lidiando con estos peligros tan reales que comporta moverse por la selva guiando turistas.

Tras esta intensa experiencia que me costará olvidar, continuamos una hora y pico más hasta por fin llegar a la estación de Sirena sobre las 4.30pm.

La estación, con diferentes estancias abiertas al exterior, se encuentra en una zona descubierta cerca de un bosque primario.

Pasadizo que lleva a la gran habitación común de literas, estación Sirena

En el porche de la entrada estuvimos descansando con los pies en alto hasta que se hizo la hora de la cena (6.30pm).

Como veis, el estado de mis pies no era muy agradable, pero a las pocas horas volvieron a normalizarse…

Tras alimentarnos por primera vez en ese día con algo diferente a snacks y barritas energéticas, realizamos otra caminata nocturna, esta vez de una horita y media, para ver animales que por el día es más difícil ver, ahora ya con más calma, menos mal.

Pudimos ver un pequeño caimán, arañas, pero ni rastro del tapir, uno de los animales nocturnos más característicos de esta zona. Agotados de tanto andar, nos acostamos sobre las 8.30pm en la gran sala de literas con capacidad para unas 30 personas, y como no podía ser de otra manera, caímos redondos. Al día siguiente sobre las 4.30am nos levantaríamos (los que quisiéramos y pudiéramos) para hacer una caminata más, al amanecer, ya que es una de las horas en las que más animales se puede ver.

Tras un completo desayuno, salimos hacia la playa que se encuentra frente a la Sirena, donde pudimos ver varios coatíes con las primeras luces rojizas del día, y nos acercamos al río que se encuentra próximo a la estación. Allí tuvimos la suerte de ver por fin un tapir cruzando el río  y escondiéndose enseguida entre la vegetación. También vimos diferentes aves, cuyos nombres nos chivaba nuestro guía y ya no recuerdo apenas, debido a mi estupenda memoria… 😉

Un coatí al amanecer
Tapir cruzando el río
Tucán

Tras la temprana caminata, ya que el amanecer es un momento ideal para encontrar tanto animales nocturnos rezagados (como el tapir), como animales diurnos que asoman al nuevo día, regresamos a la estación, empacamos nuestras mochilas y esperamos en la playa a nuestro bote, que nos llevaría hasta bahía Drake.

Para llegar a Drake pasamos por la estación de San Pedrillo, donde vimos la cascada y pudimos disfrutar (en mi caso por tercera vez) de la experiencia de ver una ballena desde nuestro bote. Si bien las aguas cálidas de estas latitudes del Pacífico son adecuadas para avistar ballenas que emigran de zonas más frías de los hemisferios norte y sur, las aguas cercanas a bahía Drake son un punto idóneo para ello por su posición estratégica, y más en esta época.

Cascada San Pedrillo
Peñasco con aves en San Pedrillo
Ballena en bahía Drake
Costa salvaje de camino a Drake

Mi valoración de la experiencia dentro del Parque Nacional de Corcovado es que se trata de una experiencia única muy completa, pero personalmente, si volviera a hacerla, preferiría otra ruta menos exigente a nivel físico y que permitiera un mayor disfrute (sin prisas) del singular entorno en el que nos encontrábamos. La ruta que hicimos implicaba caminar muchos kilómetros en un día, debiendo caminar a gran velocidad (por las mareas), lo cual era extenuante y a mí no me permitió disfrutar con calma del entorno.

Cuando escogimos esa ruta el guía nos informó de los kilómetros que haríamos, pero no de la velocidad a la que habríamos caminar, ni de la dificultad. Es más, yo le comenté que había pasado un esguince hacía un mes, y me dijo que no había problema, que se trataba de una caminata que podía hacer un niño de 10-12 años. Ahora, tras haber hecho la caminata, discrepo con este guía, pues vi la caminata larga y peligrosa en momentos puntuales.

Una opción buena sería entrar por la mañana en bote desde Drake a Sirena, para disponer del resto del día recorriendo sin prisas el bosque primario alrededor de la estación Sirena y viendo flora y fauna con más calma. Terminar el día realizando la caminata nocturna, pues siempre es interesante ya que se ven animales diferentes, dormir en Sirena y regresar en bote al día siguiente hasta Drake. También se puede hacer noche en San Pedrillo, más económico que Sirena.

Sobre las 12 del mediodía llegábamos a bahía Drake. Allí nos despedimos del grupo tras estos dos días de aventura. Anabel y yo nos dirigimos a nuestro hostal en bahía Drake, Hakuna Matata. Es un hostal/albergue sencillo, con cocina común, con vistas a la vegetación pero no al mar. Dormimos en una amplia habitación compartida para 6 personas las dos solas, por lo que estuvimos muy tranquilitas.


Si reservas en Booking a través de este enlace https://www.booking.com/s/11_6/almu9955  recibirás un reembolso del 10% al finalizar tu estancia. Por ejemplo, si haces una reserva de 90€ al finalizar tu estancia en el hotel reservado te devolverán 9€.


Esa tarde la dedicamos a descansar, pues lo necesitábamos tras la intensa actividad física de los últimos días en el P. N. Corcovado. Más tarde aprovechamos para llevar la ropa a la lavandería (3kg=4000csc), hacer algunas comprillas necesarias, ver los alrededores de Drake, etc. y por supuesto otro hermoso “sunset”

Bahía Drake al atardecer

Y ya por la noche quedamos para cenar con Cloey y su marido. Fuimos a cenar a una soda a pocos metros de nuestro alojamiento, donde parece que sabían el desgaste que llevábamos porque nos pusieron unos platos que parecían pozales! Además, Valentina, la hija de la dueña, nos amenizó la cena con sus historias y su naturalidad.

Cenando en la soda con nuestra nueva amiga, Valentina

Al día siguiente, Anabel decidió hacer buceo en Isla del Caño. Como yo no tengo el título de buceo, mi idea era partir ese mismo día hacia Bocas del Toro (Panamá), pero un guía que habíamos conocido en Corcovado me recomendó hacer la excursión de buceo en isla del Caño, aunque fuera sólo snorkel, pues por lo visto, la diversidad marina aquí era mucho mayor que en otros puntos de Costa Rica. Así que cambié de planes y me quedé para realizar el tour de snorkel al día siguiente. Como no tenía alojamiento se me ocurrió preguntar si había sitio en Cabinas Jademar ya que tenían vistas al mar, y me ofrecieron una cabina (o cabaña) con cama de matrimonio para mí sola, con salida a una terraza común con vistas al mar, y por el mismo precio que en Hakuna Matata, es decir, 12$ la noche. En la terraza común había una pequeña cocina de uso también común.


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Por la tarde cayó una tromba de agua imponente, y aproveché para disfrutar de las vistas mientras leía y descansaba en la terraza de Cabinas Jademar.

Ya al día siguiente, me levanté pronto para la excursión a Isla del Caño, pagué en el hotel desde donde salíamos (85$) y a las 7.30am salíamos un grupo de unas 15 personas hacia la isla. El trayecto en bote duraba unos 45 minutos, pero nos costó más llegar por el fuerte oleaje. Una vez en las proximidades de la isla, nos pusimos el equipo de snorkel y nos sumergimos, pero a los 10 minutos, a petición de varias personas mareadas por el oleaje, y debido también a la mala visibilidad que había, subimos de nuevo al bote para pisar tierra firme en la playa de isla del Caño. Allí esperamos hasta que todos se recuperaron. Pasada casi una hora, volvimos a subir al bote para hacer nuestro segundo intento de snorkel. Esta vez parecía que todo el mundo se mantenía estable, pero vimos una especie de ciclón que parecía acercarse hacia nosotros.

Ciclón cercano a Isla del Caño mientras buceábamos

La instructora nos mandó subir al bote, y de inmediato regresamos a bahía Drake. Evidentemente no habíamos tenido suerte con el día (lluvia, fuertes mareas y corrientes marinas, y hasta un pequeño ciclón eran suficientes para no disfrutar de la experiencia).

De nuevo en Drake, recogí mi mochila de la oficina donde me habían dejado gardarla durante la excursión, y me dirigí al punto desde el cual salen los botes hacia Sierpe.

Cambio de tercio, llegaba el momento de descubrir la costa del Caribe, comenzando por Bocas del Toro, en Panamá.

Continúa leyendo… Costa Rica parte 4: Bocas del Toro (Panamá)

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