1. Santa Teresa y Montezuma en 4 días.

Primera parada en Costa Rica: playas, surf y atardeceres

Tras unas 24 horas rodando por el mundo y 3 vuelos, llegué al aeropuerto de San José, que realmente se encuentra a 5 minutos de Alajuela y a unos 20-30′ de San José. Por este motivo, preferí alojarme en Alajuela, para salir desde allí al día siguiente en un bus público. De esta manera, evitaba ir adrede a la ciudad de San José, que tiene poco de interesante desde el punto de vida turístico y tiene zonas menos seguras. El autobús de la compañía Transportes Cóbano, que sale desde San José (a las 6am) hacia Santa Teresa, tiene una parada a las 6.30am en el puente Villa Bonita (situado en los alrededores del aeropuerto internacional). Yo, por sugerencia de un taxista, compré mi billete de autobús online a través de https://www.laterminalcostarica.com/. Pero también se puede comprar directamente en el autobús (a riesgo de que vaya completo)

Este billete me costó 15$ (unos 13€) e incluía autobús desde mi parada (en Puente Villa Bonita) hasta el puerto de Puntarenas, el ferry de Puntarenas a Paquera, y el autobús de Paquera a Cóbano.

Puerto de Paquera

Una vez llegamos a Cóbano, no sé porqué, nos hicieron cambiar de autobús y este ya me tocó pagarlo aparte (1000csc=1.52€). Tras un sinfín de paradas (pues paraba cada vez que alguien solicitaba la parada) me dejó en la puerta de mi alojamiento.

Sobre las 14h llegaba por fin a mi alojamiento en Santa Teresa, Casa del Mar Surf Destiny, un lugar con ese rollito surfer y tropical que tanto me gusta de estos países y que ya me merecía, después de tantísimas horas de vuelos y autobuses. El precio, 10.50€ la noche en habitación compartida de 6 camas, con desayuno incluído.


Si reservas en Booking a través de este enlace https://www.booking.com/s/11_6/almu9955  recibirás un reembolso del 10% al finalizar tu estancia. Por ejemplo, si haces una reserva de 90€ al finalizar tu estancia en el hotel reservado te devolverán 9€.


Mi alojamiento, Casa del Mar Surf Destiny.

Llegué hambrienta, y tras hacer el check-in me fui directa al supermercado que se encontraba a 30 metros a comprar para cocinarme algo en la cocina de mi alojamiento. Tras saciar el hambre descansé un ratito y como me encontraba ansiosa por ver el lugar me levanté al poco rato y me fui a explorar la playa.

Además de estas hermosas playas y sus animalillos marinos, me encontraba en la costa oeste del país y eso significaba hermosas puestas de sol en el mar, una de mis pasiones cuando viajo…

Toma de contacto con playa Santa Teresa

La de aquel día fue muy bonita, ya que el entorno era una maravilla (la vegetación llegaba a la misma playa), pero justo cuando el sol tocaba el mar en el horizonte algunas nubes se interpusieron ante las atentas miradas de los románticos que habíamos acudido a ver el espectáculo. Sin embargo, el atardecer del día siguiente fue espectacular, uno de mis top 10, pues el cielo estaba totalmente despejado. Pero la foto más adelante 😉

Tras unas horas de sueño reparador, comenzaba mi día y último día completo en Playa Santa Teresa, pues al día siguiente me dirigiría ya hacia Montezuma. Sin embargo, me sobraba tiempo para el plan que llevaba: empezar por la mañana con un paseo por la playa, tantear una buena zona para animarme a surfear y terminar el día con otra gran puesta de sol en el mar. Buen plan, ¿no? Cámara en mano, caminé durante una hora y pico, y aquí unas muestras de las bellezas que puedes encontrar paseando por la playa de Santa Teresa…

Caballos por la Playa de Santa Teresa
Pájaro de pecho amarillo en la playa de Santa Teresa

Durante el paseo y algún grupo de surferos y me planteé tomar una clase/s pero los precios en Costa Rica, como ya había leído, son bastante altos si los comparas, por poner un ejemplo, con la mayoría de países asiáticos. Así que osada de mí, sin una mínima clase preparatoria, me alquilé una tabla (por 6000csc, unos 10€) y me lancé a la aventura en una playa de arena ¡y rocas!

La verdad es que ésta no era una playa adecuada para una principiante como yo, de hecho justo al terminar de “surfear” (por ponerle nombre) un chico mexicano me informó de que a 10 minutos en coche hacia el norte había una playa de arena mucho más sencilla y segura para principiantes como nosotros, de hecho me invitó a ir con él. Pero estaba hambrienta y había agotado mis fuerzas de ese día luchando contra un oleaje tremendo e irregular… ¡Quizás en otro momento lo intentara!

Agotada tras la sesión de deporte, busqué una soda (pequeño restaurante típico tico que suele ser más económico que un restaurante al uso) donde pedí ceviche (¡uno de mis vicios gastronómicos!) y un jugo de tamarindo. Sería el primer ceviche de muchos en este viaje… y la verdad es que es una lotería, los probé riquísimos y no tan buenos, pero había que aprovechar, ya que en España no es fácil encontrar lugares donde lo ofrezcan (ceviche+jugo natural por 3850csc=5.50€).

Por la tarde, me dediqué a socializar con gente alojada en mi hostel, a caminar por la playa y por supuesto a esperar el atardecer más bonito que vería en todo el viaje. No sé que tienen los atardeceres que me invade una inmensa sensación de agradecimiento por estar viva, por poder verlo con mis propios ojos y a la vez cierta nostalgia por el día que se va y no volverá… Pero me atrapan.

Segundo atardecer en playa de Santa Teresa

Al día siguiente, tras un café y completo desayuno en Casa del Mar Surf Destiny, y mientras esperaba que pasara el bus público hacia Cóbano (donde cogería otro hacia Montezuma) vi una buseta (o shuttle privado) parada frente a mi hostel y pregunté el precio y si iba a Montezuma. La suerte me llevó a cogerla, ya que iba a Montezuma, salía inmediatamente y era menos de una hora de trayecto (mucho más rápido que el bus público). El precio, 5500csc (10€). A veces compensa pagar más pero evitar tiempo en trayectos y una buena sudada, pues los buses públicos son bastante viejitos y algunos no cuentan con aire acondicionado.

Sobre las 9am llegué a Montezuma. Este pueblecito, si llega a esa categoría, ya que es una calle principal junto al mar y varias calles secundarias, me pareció encantador. Casitas coloridas a partir de una calita preciosa, y mucho ambiente hippie.

Calle principal de Montezuma, y Soda El Artesano, buen lugar donde comer.
Calle principal de Montezuma con su playa al fondo

Caminé hacia el hostel que había reservado la noche anterior vía Booking: Luz en el Cielo Eco B&B. Este hostel, al que se accedía subiendo por una empinada cuesta y se ubicaba a unos 200m de la calle principal de Montezuma, me atrajo por en primer lugar por las buenas opiniones que tenía en booking, pero una vez allí por su carácter ecológico, su estilo exótico pero a la vez moderno, y porque se encontraba rodeado de vegetación… ¡tanto que de madrugada nos despertaban los ruidosos monos aulladores! (12€ la noche en habitación compartida de 6 camas, con desayuno incluido)


Si reservas en Booking a través de este enlace https://www.booking.com/s/11_6/almu9955  recibirás un reembolso del 10% al finalizar tu estancia. Por ejemplo, si haces una reserva de 90€ al finalizar tu estancia en el hotel reservado te devolverán 9€.


Tras dejar mi mochila cogí lo justo para irme a Playa Grande, la playa que el dueño del hostel me acababa de recomendar, que se encontraba a una media hora andando desde Montezuma. El pateo fue considerable, pues hacía bastante bochorno, pero ameno ya que lo hice practicando mi inglés con un chico alemán que se dirigía a esta playa para hacer surf. Esta hubiera sido una buena playa para iniciarme en el surf, mejor que la del día anterior, pues era de arena. Lo malo es que se encontraba demasiado lejos. De hecho, el pobre chaval cargó con la tabla durante media hora nada menos, ¡eso sí que es amor por el surf!

Yo al llegar me conformé con tumbarme en la arena con el sonido intermitente de pájaros y monos aulladores, disfrutar de las vistas de la gigantesca playa, y pegarme un par de baños revitalizantes antes de iniciar el pateo de vuelta.

Playa Grande

Intentando adaptarme al horario tico, salí de la playa a las 12, para no llegar muy tarde a comer, ya que allí comen sobre las 12 o 1 del mediodía. Elegí una soda al principio de la calle principal de Montezuma llegando desde Playa Grande. Este lugar fue un descubrimiento ya que cumplía las tres B (bueno, bonito y barato). ¡Y cómo no, pedí un ceviche, que estaba riquísimo! Ceviche mixto y jugo de sandía y limón 6000csc (10€).

Me habían enterado de que ese mismo día a las 16h, iban a soltar tortuguitas recién nacidas al mar en un centro de conservación de tortugas marinas (ASVO), así que al terminar de comer me dirigí al lugar, que se encontraba a unos 5 minutos andando por la playa desde Montezuma.

“Nidos” protegidos donde se encuentran los huevos de tortuga
Tortuguitas recién nacidas, encontradas al excavar el agujero en la arena
Las tortuguitas, luchando contra viento y marea para llegar al mar

Personalmente, tras haber vivido el desove de tortugas hacía un par de años, y por ello evitar ir a Tortuguero, pues la experiencia en sí no me había parecido especialmente interesante, decidí ver este otro acontecimiento en la vida de las tortugas. Y la verdad es que me pareció una experiencia conmovedora. Los voluntarios excavaron un hoyo en un punto que habían marcado previamente donde se encontraban los huevos y que tenían protegido ante posibles depredadores. Tras encontrarlas, las metieron en una caja abierta para que pudiéramos verlas y fotografiarlas de cerca, y por último las soltaron a unos 20 metros de la orilla. Las mini tortuguitas (unas 8 aproximadamente) tardaron unos 20 minutos en recorrer esa distancia, pues las olas las hacían retroceder una y otra vez hasta que llegaba su momento… Nadie quiso moverse hasta que la última tortuguita del grupo consiguió desaparecer en el inmenso mar. Fue una lección de lucha que nos mantuvo a todos en tensión hasta el final y nos emocionó, tanto a niños como a adultos.

Tras la motivante experiencia, regresé a Montezuma y me decidí a reservar para el día siguiente una excursión a Isla Tortuga que incluía transporte, comida y dos tiempos de buceo en una zona adecuada para ello, por 35$. Después me quedé en la playa, relajadaita y haciendo tiempo hasta que el sol se pusiera. Aunque en la playa de Montezuma, por su ubicación, no es posible ver el sol ponerse en el mar, los cambios de tonalidad de éste y del cielo no dejaron de sorprenderme.

Para terminar el día en Montezuma, me zampé una hamburguesa con patatas como buena guiri, en otra soda de la calle principal. Nada del otro mundo. Y ya con la panza llena me fui a descansar al hostel, donde volví a encontrarme con el chico alemán con el que había compartido el camino hacia Playa Grande esa misma mañana, y estuvimos conversando antes de dormir.

Al día siguiente, y ya que tras la excursión a isla Tortuga ya no dispondría de mucho tiempo para ver la cascada de Montezuma, me levanté bien temprano para no pasar mucho calor. A las 6:30 estaba en pie. Salí sin desayunar pensando que el camino sería más leve… En un par de ocasiones me metí por caminos erróneos, incluso tuve que trepar en algunos puntos, y sobre las 8.30h llegué a la catarata exhausta y chorreando de sudor, pero lo había conseguido. No contaba con casi tiempo para disfrutar del paisaje o bañarme en el río, así que simplemente hice la foto de rigor y retomé el camino de vuelta, ya que el tour a isla Tortuga salía a las 9.15h!

Cascada de Montezuma

Por suerte la vuelta era casi siempre cuesta abajo y se hizo más corta. Si quieres ir a la catarata de Montezuma, te recomiendo que vayas acompañada de alguien que sepa el camino, o que lleves algún tipo de indicación por escrito, ya que en Google Maps no existe una ruta marcada para llegar a la cascada y las indicaciones brillan por su ausencia.

La excursión a Isla Tortuga estuvo genial. La reservé con la compañía Cabo Blanco. Durante el camino de ida a la isla, desde nuestro bote pudimos avistar delfines, y hasta una ballena que iba con su cría a muy poca distancia, lo cual no es fácil.

Ballena jorobada de camino a Isla Tortuga.
Delfín
Delfines de camino a Isla Tortuga

El mejor lugar para observar ballenas en Costa Rica es en la costa Pacifica, donde las ballenas jorobadas migran desde los hemisferios Norte y Sur entre Julio y Noviembre y luego de nuevo entre Diciembre y Marzo. En esta época las ballenas recorren miles de kilómetros para llegar a estas aguas más cálidas y dar a luz aquí. Después disfrutamos haciendo snorkel en dos puntos diferentes cercanos a Isla Tortuga. La visibilidad no era mala, y pudimos ver pececillos de muchos tipos y colores. Finalmente, fuimos a Isla Tortuga a comer (la empresa daba a elegir casado de carne, pescado o vegetariano) y tras disfrutar de una abundante y rica comida conversando con españoles por el mundo, pudimos disfrutar de la isla durante un par de horitas antes de regresar a Montezuma sobre las 5pm.

Alrededores de Isla Tortuga
Preparando nuestra mesa
Playa principal en Isla Tortuga

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