Costa Rica agosto 2018

Hola de nuevo! Ya readaptada a la rutina tras un cúmulo de vivencias inolvidables, me dispongo a intentar plasmar lo más significativo de mi viaje por Costa Rica.

Como siempre, os dejo el itinerario que realicé:

1º. Costa oeste de Costa Rica, de norte a sur: Playa de Santa Teresa > Montezuma > Manuel Antonio > Corcovado (entrando por Puerto Jiménez).

2º Cruzar de costa oeste a costa este, además de cruzar la frontera de Costa Rica a Panamá: bote a Sierpe > bus a Ciudad Nelly > bus a Paso Canoas (frontera) > bus a David > bus a Almirante > bote a Isla Colón.

3º. Costa este (de sur a norte) y zonas de interior: Almirante > Puerto Viejo (y Cahuita) > Arenal > Monteverde.

Inicialmente, había planificado realizar practicamente todo el recorrido en 4×4 por diversas recomendaciones y lecturas de foros online, pero por motivos logísticos y económicos al final decidí moverme en transporte público. Y aunque no puedo comparar ambas maneras de recorrer el país, mi experiencia personal en transporte público, fue buena; no me resultó nada complicado moverme la mayoría de veces en autobuses públicos y algún shuttle privado por tierra, o en botes por mar. Evidentemente, llevar tu propio coche te da más autonomía y velocidad, pero en el tema autobuses siempre encontré diferentes horarios y combinaciones que me permitieron moverme sin problemas, y así también tuve la ocasión de entablar conversaciones interesantes con personas locales.

Dividiré mi relato en los 7 puntos que visité durante los 24 días que estuve por Costa Rica:

  1. Santa Teresa y Montezuma: 4 días
  2. Manuel Antonio: 3 días
  3. Corcovado: 4 días
  4. Bocas del Toro (PANAMÁ): 4 días
  5. Cahuita y Puerto Viejo: 4 días
  6. Arenal: 2 días
  7. Monteverde: 3 días

1. Santa Teresa y Montezuma (4 días)

Tras unas 24 horas rodando por el mundo y 3 vuelos, llegué al aeropuerto de San José, que realmente se encuentra a 5 minutos de Alajuela y a unos 20-30′ de San José. Por este motivo, preferí alojarme en Alajuela, para salir desde allí al día siguiente en un bus público. De esta manera, evitaba ir adrede a la ciudad de San José, que tiene poco de interesante desde el punto de vida turístico y tiene zonas menos seguras. El autobús de la compañía Transportes Cóbano, que sale desde San José (a las 6am) hacia Santa Teresa, tiene una parada a las 6.30am en el puente Villa Bonita (situado en los alrededores del aeropuerto internacional). Yo, por sugerencia de un taxista, compré mi billete de autobús online a través de https://www.laterminalcostarica.com/. Pero también se puede comprar directamente en el autobús (a riesgo de que vaya completo)

Este billete me costó 15$ (unos 13€) e incluía autobús desde mi parada (en Puente Villa Bonita) hasta el puerto de Puntarenas, el ferry de Puntarenas a Paquera, y el autobús de Paquera a Cóbano.

Puerto de Paquera

Una vez llegamos a Cóbano, no sé porqué, nos hicieron cambiar de autobús y este ya me tocó pagarlo aparte (1000csc=1.52€). Tras un sinfín de paradas (pues paraba cada vez que alguien solicitaba la parada) me dejó en la puerta de mi alojamiento.

Sobre las 14h llegaba por fin a mi alojamiento en Santa Teresa, Casa del Mar Surf Destiny, un lugar con ese rollito surfer y tropical que tanto me gusta de estos países y que ya me merecía, después de tantísimas horas de vuelos y autobuses. El precio, 10.50€ la noche en habitación compartida de 6 camas, con desayuno incluído.


Si reservas en Booking a través de este enlace https://www.booking.com/s/11_6/almu9955  recibirás un reembolso del 10% al finalizar tu estancia. Por ejemplo, si haces una reserva de 90€ al finalizar tu estancia en el hotel reservado te devolverán 9€.


 

 

Mi alojamiento, Casa del Mar Surf Destiny.

Llegué hambrienta, y tras hacer el check-in me fui directa al supermercado que se encontraba a 30 metros a comprar para cocinarme algo en la cocina de mi alojamiento. Tras saciar el hambre descansé un ratito y como me encontraba ansiosa por ver el lugar me levanté al poco rato y me fui a explorar la playa.

Además de estas hermosas playas y sus animalillos marinos, me encontraba en la costa oeste del país y eso significaba hermosas puestas de sol en el mar, una de mis pasiones cuando viajo…

Toma de contacto con playa Santa Teresa

La de aquel día fue muy bonita, ya que el entorno era una maravilla (la vegetación llegaba a la misma playa), pero justo cuando el sol tocaba el mar en el horizonte algunas nubes se interpusieron ante las atentas miradas de los románticos que habíamos acudido a ver el espectáculo. Sin embargo, el atardecer del día siguiente fue espectacular, uno de mis top 10, pues el cielo estaba totalmente despejado. Pero la foto más adelante 😉

Tras unas horas de sueño reparador, comenzaba mi día y último día completo en Playa Santa Teresa, pues al día siguiente me dirigiría ya hacia Montezuma. Sin embargo, me sobraba tiempo para el plan que llevaba: empezar por la mañana con un paseo por la playa, tantear una buena zona para animarme a surfear y terminar el día con otra gran puesta de sol en el mar. Buen plan, ¿no? Cámara en mano, caminé durante una hora y pico, y aquí unas muestras de las bellezas que puedes encontrar paseando por la playa de Santa Teresa…

Caballos por la Playa de Santa Teresa
Pájaro de pecho amarillo en la playa de Santa Teresa

Durante el paseo y algún grupo de surferos y me planteé tomar una clase/s pero los precios en Costa Rica, como ya había leído, son bastante altos si los comparas, por poner un ejemplo, con la mayoría de países asiáticos. Así que osada de mí, sin una mínima clase preparatoria, me alquilé una tabla (por 6000csc, unos 10€) y me lancé a la aventura en una playa de arena ¡y rocas!

La verdad es que ésta no era una playa adecuada para una principiante como yo, de hecho justo al terminar de “surfear” (por ponerle nombre) un chico mexicano me informó de que a 10 minutos en coche hacia el norte había una playa de arena mucho más sencilla y segura para principiantes como nosotros, de hecho me invitó a ir con él. Pero estaba hambrienta y había agotado mis fuerzas de ese día luchando contra un oleaje tremendo e irregular… ¡Quizás en otro momento lo intentara!

Agotada tras la sesión de deporte, busqué una soda (pequeño restaurante típico tico que suele ser más económico que un restaurante al uso) donde pedí ceviche (¡uno de mis vicios gastronómicos!) y un jugo de tamarindo. Sería el primer ceviche de muchos en este viaje… y la verdad es que es una lotería, los probé riquísimos y no tan buenos, pero había que aprovechar, ya que en España no es fácil encontrar lugares donde lo ofrezcan (ceviche+jugo natural por 3850csc=5.50€).

Por la tarde, me dediqué a socializar con gente alojada en mi hostel, a caminar por la playa y por supuesto a esperar el atardecer más bonito que vería en todo el viaje. No sé que tienen los atardeceres que me invade una inmensa sensación de agradecimiento por estar viva, por poder verlo con mis propios ojos y a la vez cierta nostalgia por el día que se va y no volverá… Pero me atrapan.

Segundo atardecer en playa de Santa Teresa

Al día siguiente, tras un café y completo desayuno en Casa del Mar Surf Destiny, y mientras esperaba que pasara el bus público hacia Cóbano (donde cogería otro hacia Montezuma) vi una buseta (o shuttle privado) parada frente a mi hostel y pregunté el precio y si iba a Montezuma. La suerte me llevó a cogerla, ya que iba a Montezuma, salía inmediatamente y era menos de una hora de trayecto (mucho más rápido que el bus público). El precio, 5500csc (10€). A veces compensa pagar más pero evitar tiempo en trayectos y una buena sudada, pues los buses públicos son bastante viejitos y algunos no cuentan con aire acondicionado.

Sobre las 9am llegué a Montezuma. Este pueblecito, si llega a esa categoría, ya que es una calle principal junto al mar y varias calles secundarias, me pareció encantador. Casitas coloridas a partir de una calita preciosa, y mucho ambiente hippie.

Calle principal de Montezuma, y Soda El Artesano, buen lugar donde comer.
Calle principal de Montezuma con su playa al fondo

Caminé hacia el hostel que había reservado la noche anterior vía Booking: Luz en el Cielo Eco B&B. Este hostel, al que se accedía subiendo por una empinada cuesta y se ubicaba a unos 200m de la calle principal de Montezuma, me atrajo por en primer lugar por las buenas opiniones que tenía en booking, pero una vez allí por su carácter ecológico, su estilo exótico pero a la vez moderno, y porque se encontraba rodeado de vegetación… ¡tanto que de madrugada nos despertaban los ruidosos monos aulladores! (12€ la noche en habitación compartida de 6 camas, con desayuno incluido)

 


Si reservas en Booking a través de este enlace https://www.booking.com/s/11_6/almu9955  recibirás un reembolso del 10% al finalizar tu estancia. Por ejemplo, si haces una reserva de 90€ al finalizar tu estancia en el hotel reservado te devolverán 9€.


Mi alojamiento en Montezuma, el Luz en el Cielo Eco B&B

Tras dejar mi mochila cogí lo justo para irme a Playa Grande, la playa que el dueño del hostel me acababa de recomendar, que se encontraba a una media hora andando desde Montezuma. El pateo fue considerable, pues hacía bastante bochorno, pero ameno ya que lo hice practicando mi inglés con un chico alemán que se dirigía a esta playa para hacer surf. Esta hubiera sido una buena playa para iniciarme en el surf, mejor que la del día anterior, pues era de arena. Lo malo es que se encontraba demasiado lejos. De hecho, el pobre chaval cargó con la tabla durante media hora nada menos, ¡eso sí que es amor por el surf!

Yo al llegar me conformé con tumbarme en la arena con el sonido intermitente de pájaros y monos aulladores, disfrutar de las vistas de la gigantesca playa, y pegarme un par de baños revitalizantes antes de iniciar el pateo de vuelta.

Playa Grande

Intentando adaptarme al horario tico, salí de la playa a las 12, para no llegar muy tarde a comer, ya que allí comen sobre las 12 o 1 del mediodía. Elegí una soda al principio de la calle principal de Montezuma llegando desde Playa Grande. Este lugar fue un descubrimiento ya que cumplía las tres B (bueno, bonito y barato). ¡Y cómo no, pedí un ceviche, que estaba riquísimo! Ceviche mixto y jugo de sandía y limón 6000csc (10€).

Me habían enterado de que ese mismo día a las 16h, iban a soltar tortuguitas recién nacidas al mar en un centro de conservación de tortugas marinas (ASVO), así que al terminar de comer me dirigí al lugar, que se encontraba a unos 5 minutos andando por la playa desde Montezuma.

“Nidos” protegidos donde se encuentran los huevos de tortuga
Las pequeñas tortugas que habían nacido, recién excavado el agujero en la arena para encontrarlas
Las tortuguitas, luchando contra viento y marea para llegar al mar

Personalmente, tras haber vivido el desove de tortugas hacía un par de años, y por ello evitar ir a Tortuguero, pues la experiencia en sí no me había parecido especialmente interesante, decidí ver este otro acontecimiento en la vida de las tortugas. Y la verdad es que me pareció una experiencia conmovedora. Los voluntarios excavaron un hoyo en un punto que habían marcado previamente donde se encontraban los huevos y que tenían protegido ante posibles depredadores. Tras encontrarlas, las metieron en una caja abierta para que pudiéramos verlas y fotografiarlas de cerca, y por último las soltaron a unos 20 metros de la orilla. Las mini tortuguitas (unas 8 aproximadamente) tardaron unos 20 minutos en recorrer esa distancia, pues las olas las hacían retroceder una y otra vez hasta que llegaba su momento… Nadie quiso moverse hasta que la última tortuguita del grupo consiguió desaparecer en el inmenso mar. Fue una lección de lucha que nos mantuvo a todos en tensión hasta el final y nos emocionó, tanto a niños como a adultos.

 

Tras la motivante experiencia, regresé a Montezuma y me decidí a reservar para el día siguiente una excursión a Isla Tortuga que incluía transporte, comida y dos tiempos de buceo en una zona adecuada para ello, por 35$. Después me quedé en la playa, relajadaita y haciendo tiempo hasta que el sol se pusiera. Aunque en la playa de Montezuma, por su ubicación, no es posible ver el sol ponerse en el mar, los cambios de tonalidad de éste y del cielo no dejaron de sorprenderme.

Para terminar el día en Montezuma, me zampé una hamburguesa con patatas como buena guiri, en otra soda de la calle principal. Nada del otro mundo. Y ya con la panza llena me fui a descansar al hostel, donde volví a encontrarme con el chico alemán con el que había compartido el camino hacia Playa Grande esa misma mañana, y estuvimos conversando antes de dormir.

Al día siguiente, y ya que tras la excursión a isla Tortuga ya no dispondría de mucho tiempo para ver la cascada de Montezuma, me levanté bien temprano para no pasar mucho calor. A las 6:30 estaba en pie. Salí sin desayunar pensando que el camino sería más leve… En un par de ocasiones me metí por caminos erróneos, incluso tuve que trepar en algunos puntos, y sobre las 8.30h llegué a la catarata exhausta y chorreando de sudor, pero lo había conseguido. No contaba con casi tiempo para disfrutar del paisaje o bañarme en el río, así que simplemente hice la foto de rigor y retomé el camino de vuelta, ya que el tour a isla Tortuga salía a las 9.15h!

Cascada de Montezuma

Por suerte la vuelta era casi siempre cuesta abajo y se hizo más corta. Si quieres ir a la catarata de Montezuma, te recomiendo que vayas acompañada de alguien que sepa el camino, o que lleves algún tipo de indicación por escrito, ya que en Google Maps no existe una ruta marcada para llegar a la cascada y las indicaciones brillan por su ausencia.

La excursión a Isla Tortuga estuvo genial. La reservé con la compañía Cabo Blanco. Durante el camino de ida a la isla, desde nuestro bote pudimos avistar delfines, y hasta una ballena que iba con su cría a muy poca distancia, lo cual no es fácil.

Ballena jorobada de camino a Isla Tortuga.
Delfín
Delfines de camino a Isla Tortuga

El mejor lugar para observar ballenas en Costa Rica es en la costa Pacifica, donde las ballenas jorobadas migran desde los hemisferios Norte y Sur entre Julio y Noviembre y luego de nuevo entre Diciembre y Marzo. En esta época las ballenas recorren miles de kilómetros para llegar a estas aguas más cálidas y dar a luz aquí. Después disfrutamos haciendo snorkel en dos puntos diferentes cercanos a Isla Tortuga. La visibilidad no era mala, y pudimos ver pececillos de muchos tipos y colores. Finalmente, fuimos a Isla Tortuga a comer (la empresa daba a elegir casado de carne, pescado o vegetariano) y tras disfrutar de una abundante y rica comida conversando con españoles por el mundo, pudimos disfrutar de la isla durante un par de horitas antes de regresar a Montezuma sobre las 5pm.

Alrededores de Isla Tortuga
Preparando nuestra mesa

2. Manuel Antonio (3 días)

A las 7am había quedado con una pareja española que había conocido el día anterior en Isla Tortuga, y que como llevaban coche, me uní a ellos en su trayecto de Montezuma a Paquera. Allí cogimos el ferry a Puntarenas y ya nos despedimos, pues nuestros caminos se separaban. En el puerto de Puntarenas cogí un bus al centro de Puntarenas, y una vez allí busqué la parada del autobús que iba hasta Manuel Antonio. Calculé que me quedaban unas 4 horas, pero finalmente fue más tiempo. En estos países hay que tomarse las cosas con calma… El autobús paraba constantemente a coger y dejar pasajeros y además tuvimos la mala suerte de que se escacharrara a mitad de camino, por lo que nos tocó esperar casi una hora al siguiente bus. La verdad es que este viaje se me hizo eterno! Pensaba que saliendo a las 7am de Montezuma llegaría a las 13h a Manuel Antonio, pero con tanto cambio de bus finalmente llegaba casi a las 17h, donde me esperaba Anabel, una chica española con la que había contactado por un foro de viajes para compartir parte del viaje a partir de este día.

Nada más llegar a la playa de Manuel Antonio, busqué el hostal Costa Linda en el que Anabel ya se había instalado, me acomodé en la misma habitación que ella y July, otra chica francesa que se había unido, y me fui a por ellas a la playa. La verdad es que la playa de Manuel Antonio es diferente a las que había visto hasta entonces. Mucha extensión de arena, y sin vegetación que llegue hasta el mar, ya que se han construido una zona turística con sus calles, terrazas y hoteles. Aun así, los peñascos que se levantan en la parte sur de la misma playa la hacen especial. Estuvimos poniéndonos al día en la playa hasta que se hizo hora de cenar. Esa noche, había un grupo de chicas americanas muy majas en nuestro hostel celebrando la despedida de soltera de dos de ellas, y nos invitaron a ir a cenar con ellas a La Cantina, un sitio con música en directo.

Fue una noche muy guiri, con bailes y muchas risas. Eso sí, la cena nos salió bastante más cara que lo que había acostumbrado a pagar. Pero momentos así lo valen…

Al día siguiente fuimos a visitar el Parque Nacional de Manuel Antonio. Nos levantamos sobre las 7 para no coger mucha cola en la entrada del parque y entrar a eso de las 8.30h. No cogimos guía, pues sólo la entrada al parque ya costaba 9100csc (unos 16$). Si tu presupuesto es holgado, recomiendo contratar guía si visitas cualquier parque nacional, ya que verás bastantes más animalillos que si vas por tu cuenta, ellos están acostumbradísimos a encontrarlos y podemos tener delante una serpiente y no darnos ni cuenta. Y esto es así, ya que la mayoría de animales se mimetizan con la naturaleza y se hace difícil distinguirlos… Además, los guías te cuentan peculiaridades de cada bicho, con lo que aprendes y sacas más jugo a la caminata por el parque.

Pero nosotras, al ir tres, pensamos que 6 ojos ven más que dos… Y cierto es, ya que pudimos ver bastantes animalillos: una ranita verde venenosa, cangrejos, un coatí, monos congo o aulladores, monos capuchino o cara blanca que brincaban junto a la gente sin ningún pudor, una araña banano, iguanas tomando el sol en la playa del parque, y hasta un perezoso enroscado en lo alto de un árbol). Con guía hubiéramos visto más animales, por supuesto, pero nos sentimos muy satisfechas.

 

Araña extraña

Cascada

 

Mapache
Una iguana y Anabel
Mono cara blanca
Guatusa
Mono congo o aullador
Perezoso
Araña banano
Cangrejo arco iris

Me sorprendió la belleza de las playas que encuentras durante el recorrido del parque. Son playas tipo calas con una exuberante vegetación, aguas claras y hasta iguanas bien grandes tomando el sol sobre rocas a la orilla del mar.

 

 

Sólo por disfrutar de estas hermosas playas ya recomendaría visitar el parque, y si además ves animales,lo cual no debe ser difícil pues nosotras solitas ya vimos bastantes, pues mejor que mejor. Además, los senderos están muy bien señalizados y son para todos los públicos. Puedes elegir entre diferentes rutas o senderos, según las ganas que tengas de caminar, pero todos ellos son de fáciles de recorrer.

July y Anabel

Sobre las 14.30h salíamos del parque y paramos a comer en la primera soda que encontramos que tenía ceviche, ya que July y yo teníamos antojo de ceviche revitalizante, pues aunque la caminata no había sido complicada se pierde bastante líquido por las altas temperaturas y la humedad…

Pasamos la tarde en la playa de Manuel Antonio. A mí me gustado ver atardecer en la pequeña playa de Biesanz, que me habían recomendado días atrás, pero a medida que se hacía la hora el cielo se nublaba más, y acabó cayendo una tromba de agua que no nos dejó más remedio que comprarnos unas cervezas fresquitas y refugiarnos en nuestro hostel hasta que llegó la hora de cenar… Quizás en otra ocasión, si vuelvo a Costa Rica 😉

3. Corcovado, entrando por Puerto Jiménez y saliendo por bahía Drake (4 días)

Por la mañana bien prontito nos levantamos, desayunamos espléndidamente como siempre y cogimos el bus que nos llevaba a la estación de autobuses de Quepos, para allí coger el/los buses necesarios hasta Puerto Jiménez. En taquilla nos dijeron que el siguiente autobús salía en una hora, y esperar tanto no nos hacía mucha gracia. Buscamos otras opciones…  Y tras valorar si cogíamos un taxi “ilegal” que nos llevaba a Uvita por la mitad que los taxis oficiales, vimos aparecer un bus de otra compañía al que preguntamos, y resulta que salía hacia Uvita en 5 minutos. ¡Qué suerte la nuestra! Llegamos a Uvita en una hora o poco más, y allí, en la misma parada donde nos dejó el bus, unas personas locales nos indicaron quedebíamos tomar el autobús a Chacarita. Aproveché para comprar provisiones hasta que llegara el bus, y sobre las 11 de la mañana subimos al bus, que en unas 2 horas y media más llegó a Chacarita. El paisaje y el clima iban cambiando conforme nos acercábamos a la península de Osa. Nubes, lluvia intensa, espesa vegetación (más si cabe)…

Sobre las 14.30h llegamos a Chacarita. Y allí nos refugiamos de la intensa lluvia en una gasolinera, que además era donde debíamos coger nuestro último autobús, a Puerto Jiménez. A las 15h aproximadamente pasó el autobús, y sobre las 17h llegábamos por fin a Puerto Jiménez, donde habíamos quedado con Brian, el guía con el que caminaríamos durante los 2 días siguientes por el Parque Nacional de Corcovado.

Con nuestro guía concretamos detalles del día siguiente, hicimos una compra de avituallamiento (barritas energéticas, frutos secos, snacks y plátanos, que es de las pocas cosas que se pueden entrar al parque), y cenamos en una soda de unos conocidos suyos, cogiendo fuerzas para la larga caminata que nos esperaba al día siguiente… Allá donde fueres, haz lo que vieres… Pues eso, copiándome de Brian me pedí una sopa negra (sopa de frijoles y arroz) a la que agregaba un montón de ingredientes más, como huevo, aguacate, pico de gallo, etc. Me iba a venir muy bien para coger energías… ¡¡No imaginaba lo que me esperaba al día siguiente…!! Y prontito a descansar…

A las 4am nos levantamos, y a las 4.30am partíamos de Puerto Jiménez en un jeep para llegar sobre las 6am a la estación de Carate, justo a la entrada del parque. Habíamos formado un grupo diverso de 5 personas: Anabel y yo, españolas; Cloey y su reciente marido, cuyo nombre no conseguí aprender, coreanos; y Angela, alemana. Con ellos pasamos un par de días estupendos, aunque duros por la caminata exprés que realizamos.

Vistas al amanecer, cerca de Carate

Desde Carate, comenzaríamos la caminata de 21km haciendo una primera parada a unos 2km en la estación de La Leona, donde los guardas de la estación me dejaron una cuerda de plástico para que me atara las suelas a mis botas (ya que al poco de empezar, del contacto con el agua de un par de riachuelos que cruzamos, se separaron). Sí, mis botas de montaña, que había traído de España especialmente para hacer esta caminata decidieron abandonarme nada más empezar a caminar… Experiencias que te hacen aprender (a la próxima intentaré chequear o incluso comprar unas botas nuevas y resistentes, que no me abandonen a la primera de cambio…).

Tras esta primera parada, continuamos alternando nuestro camino entre largas playas y por dentro de la selva, siempre a toda prisa (para evitar que las altas mareas nos impidieran continuar nuestro camino).

El invento MacGyver de atar las suelas aguantó un par de km como mucho y media docena de riachuelos más, pero al cruzar una zona de playa donde la alta marea nos cubría casi hasta la cintura… pasó lo inevitable. Crucé lo más rápido que pude la peligrosa zona (rezando porque la cámara y el móvil no se mojaran y por conservar las suelas atadas), pero al llegar a tierra firme y seca, comprobé que mis suelas ya no estaban, sólo las cuerdas atadas a mis botas, que me quité porque ya no tenían utilidad alguna…

Así que respiré hondo (al menos el móvil que se me había mojado, seguía vivo) y me armé de valor para continuar lo que me quedaba de camino, que no era poco, con lo que me quedaba de botas, que más bien parecían escarpines…

Coatí

Caminamos varias horas con pocas y breves paradas para descansar y vimos bastantes animales (coatí, monos aulladores, arañas,…) viviendo en total libertad, en su hábitat natural. Aunque no pudimos disfrutarlos muchos por que se nos hacía tarde.

Otro coatí

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ranita venenosa Golfo dulce

 

 

 

 

 

 

Mono colorado

 

 

Por

 

Colibrí

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mono carablanca
Serpiente
Oso hormiguero
Coatí y su cría, buscando alimento

Por fin, sobre las 4pm, llegamos a Río Claro. Allí nos encontramos con la desembocadora de un enorme río, que de claro poco tenía (imagino que debido a las lluvias de días anteriores), y que debíamos cruzar una vez más andando.

 

Brian nos informó de que podía haber cocodrilos, pero que debíamos cruzarlo sí o sí. Bueno, o darnos la vuelta (ahora que sólo nos quedaban unos 3kms de los 21km). Sinceramente, al principio no le creí… hasta que vi cómo se preparaba y se adentraba en el río con el gesto serio… En unos 5-10 minutos en los que se palpaba la tensión del grupo, y mientras nos quedábamos en ropa de baño, impermeabilizábamos todo lo que llevábamos dentro de las mochilas y nos ajustábamos éstas lo más arriba posible para que no se mojara nada importante, hicimos piña y comenzamos a cruzar lentamente el río.

Yo miraba continuamente alrededor, alerta de no ver nada extraño, y bastante acobardada, todo hay que decirlo. Los dos minutos que tardamos en llegar a la otra orilla se me hicieron larguísimos, pero por fin, todos respiramos tranquilos cuando pisamos tierra firme. Con la tensión descargada, aprovechamos para darnos un baño en la orilla del río, yo me remojé y salí pitando, no quería tentar a la suerte. Y mientras alucinaba con la osadía del grupo que allí seguían disfrutando del baño, vi un cocodrilo moverse lentamente por el río, por suerte a cierta distancia de nosotros.

Cocodrilo cruzando Río Claro

Todos fuimos conscientes de la suerte, y a la vez del peligro que habíamos corrido… Lo que me cuesta es entender cómo se la juegan los guías una y otra vez trabajando en Corcovado, lidiando con estos peligros tan reales que comporta moverse por la selva guiando turistas.

Tras esta intensa experiencia que me costará olvidar, continuamos una hora y pico más hasta por fin llegar a la estación de Sirena sobre las 4.30pm.

La estación, con diferentes estancias abiertas al exterior, se encuentra en una zona descubierta cerca de un bosque primario.

Pasadizo que lleva a la gran habitación común de literas, estación Sirena

En el porche de la entrada estuvimos descansando con los pies en alto hasta que se hizo la hora de la cena (6.30pm).

Como veis, el estado de mis pies no era muy agradable, pero a las pocas horas volvieron a normalizarse…

Tras alimentarnos por primera vez en ese día con algo diferente a snacks y barritas energéticas, realizamos otra caminata nocturna, esta vez de una horita y media, para ver animales que por el día es más difícil ver, ahora ya con más calma, menos mal.

Pudimos ver un pequeño caimán, arañas, pero ni rastro del tapir, uno de los animales nocturnos más característicos de esta zona. Agotados de tanto andar, nos acostamos sobre las 8.30pm en la gran sala de literas con capacidad para unas 30 personas, y como no podía ser de otra manera, caímos redondos. Al día siguiente sobre las 4.30am nos levantaríamos (los que quisiéramos y pudiéramos) para hacer una caminata más, al amanecer, ya que es una de las horas en las que más animales se puede ver.

Tras un completo desayuno, salimos hacia la playa que se encuentra frente a la Sirena, donde pudimos ver varios coatíes con las primeras luces rojizas del día, y nos acercamos al río que se encuentra próximo a la estación. Allí tuvimos la suerte de ver por fin un tapir cruzando el río  y escondiéndose enseguida entre la vegetación. También vimos diferentes aves, cuyos nombres nos chivaba nuestro guía y ya no recuerdo apenas, debido a mi estupenda memoria… 😉

Amanecer con un coatí
Tapir cruzando el río
Tucán

Tras la temprana caminata, ya que el amanecer es un momento ideal para encontrar tanto animales nocturnos rezagados (como el tapir), como animales diurnos que asoman al nuevo día, regresamos a la estación, empacamos nuestras mochilas y esperamos en la playa a nuestro bote, que nos llevaría hasta bahía Drake.

Para llegar a Drake pasamos por la estación de San Pedrillo, donde vimos la cascada y pudimos disfrutar (en mi caso por tercera vez) de la experiencia de ver una ballena desde nuestro bote. Si bien las aguas cálidas de estas latitudes del Pacífico son adecuadas para avistar ballenas que emigran de zonas más frías de los hemisferios norte y sur, las aguas cercanas a bahía Drake son un punto idóneo para ello por su posición estratégica, y más en esta época.

 

Cascada San Pedrillo
Peñasco con aves en San Pedrillo
Ballena en bahía Drake

Mi valoración de la experiencia dentro del Parque Nacional de Corcovado es que se trata de una experiencia única muy completa, pero personalmente, si volviera a hacerla, preferiría otra ruta menos exigente a nivel físico y que permitiera un mayor disfrute (sin prisas) del singular entorno en el que nos encontrábamos. La ruta que hicimos implicaba caminar muchos kilómetros en un día, de modo debiendo caminar a gran velocidad (por las mareas), lo cual era extenuante y a mí no me permitió disfrutar adecuadamente de la singularidad del entorno.

Cuando escogimos esa ruta el guía nos informó de los kilómetros que haríamos, pero no de la velocidad a la que habríamos caminar, ni de la dificultad. Es más, yo le comenté que había pasado un esguince hacía un mes, y me dijo que no había problema, que se trataba de una caminata que podía hacer un niño de 10-12 años. Ahora, tras haber hecho la caminata, discrepo con este guía, pues vi la caminata larga y hasta peligrosa en momentos puntuales.

Una opción buena sería entrar por la mañana en bote desde Drake a Sirena, para disponer del resto del día recorriendo sin prisas el bosque primario alrededor de la estación Sirena y viendo flora y fauna con más calma. Terminar el día realizando la caminata nocturna, pues siempre es interesante ya que se ven animales diferentes, dormir en Sirena y regresar en bote al día siguiente hasta Drake. También se puede hacer noche en San Pedrillo, más económico que Sirena.

Sobre las 12 del mediodía llegábamos a bahía Drake. Allí nos despedimos del grupo tras estos dos días de aventura. Anabel y yo nos dirigimos a nuestro hostal en bahía Drake, Hakuna Matata. Es un hostal/albergue sencillo, con cocina común, con vistas a la vegetación pero no al mar. Dormimos en una amplia habitación compartida para 6 personas las dos solas, por lo que estuvimos muy tranquilitas.


Si reservas en Booking a través de este enlace https://www.booking.com/s/11_6/almu9955  recibirás un reembolso del 10% al finalizar tu estancia. Por ejemplo, si haces una reserva de 90€ al finalizar tu estancia en el hotel reservado te devolverán 9€.


 

Esa tarde la dedicamos a descansar, pues lo necesitábamos tras la intensa actividad física de los últimos días en el P. N. Corcovado. Más tarde aprovechamos para llevar la ropa a la lavandería (3kg=4000csc), hacer algunas comprillas necesarias, ver los alrededores de Drake, etc. y por supuesto otro hermoso “sunset”

Y ya por la noche quedamos para cenar con Cloey y su marido. Fuimos a cenar a una soda a pocos metros de nuestro alojamiento, donde parece que sabían el desgaste que llevábamos porque nos pusieron unos platos que parecían pozales! Además, Valentina, la hija de la dueña, nos amenizó la cena con sus historias y su naturalidad.

Al día siguiente, Anabel decidió hacer buceo en Isla del Caño. Como yo no tengo el título de buceo, mi idea era partir ese mismo día hacia Bocas del Toro (Panamá), pero un guía que habíamos conocido en Corcovado me recomendó hacer la excursión de buceo en isla del Caño, aunque fuera sólo snorkel, pues por lo visto, la diversidad marina aquí era mucho mayor que en otros puntos de Costa Rica. Así que cambié de planes y me quedé para realizar el tour de snorkel al día siguiente. Como no tenía alojamiento se me ocurrió preguntar si había sitio en Cabinas Jademar ya que tenían vistas al mar, y me ofrecieron una cabina (o cabaña) con cama de matrimonio para mí sola, con salida a una terraza común con vistas al mar, y por el mismo precio que en Hakuna Matata, es decir, 12$ la noche. En la terraza común había una pequeña cocina de uso también común.


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Por la tarde cayó una tromba de agua imponente, y aproveché para disfrutar de las vistas mientras leía y descansaba en la terraza de Cabinas Jademar.

Ya al día siguiente, me levanté pronto para la excursión a Isla del Caño, pagué en el hotel desde donde salíamos (85$) y a las 7.30am salíamos un grupo de unas 15 personas hacia la isla. El trayecto en bote duraba unos 45 minutos, pero nos costó más llegar por el fuerte oleaje. Una vez en las proximidades de la isla, nos pusimos el equipo de snorkel y nos sumergimos, pero a los 10 minutos, a petición de varias personas mareadas por el oleaje, y debido también a la mala visibilidad que había, subimos de nuevo al bote para pisar tierra firme en la playa de isla del Caño. Allí esperamos hasta que todos se recuperaron. Pasada casi una hora, volvimos a subir al bote para hacer nuestro segundo intento de snorkel. Esta vez parecía que todo el mundo se mantenía estable, pero vimos una especie de ciclón que parecía acercarse hacia nosotros.

Ciclón cercano a Isla del Caño mientras buceábamos

La instructora nos mandó subir al bote, y de inmediato regresamos a bahía Drake. Evidentemente no habíamos tenido suerte con el día (lluvia, fuertes mareas y corrientes marinas, y hasta un pequeño ciclón eran suficientes para no disfrutar de la experiencia).

De nuevo en Drake, recogí mi mochila de la oficina donde me habían dejado gardarla durante la excursión, y me dirigí al punto desde el cual salen los botes hacia Sierpe.

Cambio de tercio, llegaba el momento de descubrir la costa del Caribe, comenzando por Bocas del Toro, en Panamá.

 

4. Bocas del Toro (4 días).

Me esperaban islas paradisíacas y algo de fiesta en Bocas del Toro. Tenía dos alternativas:

  1. Ir hasta San José para volver a bajar hasta Bocas del Toro, en la costa este.
  2. Cruzar de oeste a este sin pasar por San Jose.

En ambas opciones había que tomar bastantes autobuses, pero decidí tomar la opción 2 pues me implicaba menos kilómetros y conocer mayor superfície de Panamá.

Esto fue lo que hice:

  • Bote de Drake a Sierpe a las 2pm  (10000csc o 15$), 1h de trayecto más o menos.
  • Taxi compartido con un chico desde Sierpe a Palmar norte (3000csc o 5$). 20 min aprox.
  • Autobús de Palmar norte a Ciudad Nelly por 2700csc, 45min aprox.
  • Taxi desde Ciudad Nelly a Paso Canoas  compartido con otros tres hombres que salían de trabajar (1200csc cada pasajero). Existen autobuses que hacen este trayecto, pero el último (que sale a las 7pm de Ciudad Nelly) se nos escapó delante de nuestros morros.
  • Trámites fronterizos en Paso Canoas sin ningún incidente (había leído que te pedían 500$ en metálico y un vuelo de vuelta, pero no fue así). Allí, mientras esperaba que saliera el autobús a David, aproveche para sacar dólares (moneda oficial de Panamá) y comprarme cena para llevar.
  • Autobús de Paso Canoas a David, que salía las 8pm (precio 3$).
  • Al llegar a la estación de autobuses de David, como era de noche, preferí coger un taxi por 2$ que me llevó hasta mi alojamiento.

 

El alojamiento, PaCasa Hostel (10$), era muy sencillo y estaba algo apartado del centro, pero sería suficiente para  descansar unas horas y seguir mi camino a Bocas al día siguiente. Además, dormí sola en una habitación de 6 camas. Bueno miento, con dos lindos gatitos que me observaban desde otra litera 😉


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Al día siguiente sobre las 7am salí en busca de la estación de autobuses, y de camino paré en una fonda (Fonda David) a desayunar un café con leche y un plato típico y bien completo, todo por 2.5$.

Nada más salir de la fonda, de camino a la estación, pasó por delante de mí un autobús y el conductor me debió ver pinta de guiri porque me preguntó si me dirigía a Almirante. No me hizo falta llegar a la estación, subí al autobús y pasé las siguientes 4 horas maravillada con los verdes paisajes panameños.

Autobús de David a Almirante, Panamá.

 

El viaje se hace pesado por la cantidad de curvas y paradas que realiza, pero la belleza del paisaje lo suaviza. El precio de este autobús fue de 19.40$.

Cuando por fin llegué a Almirante, cuál fue mi sorpresa (y la de otra chica alemana que también se dirigía a Bocas del Toro) al escuchar que había huelga de transportes, ¡¡y no podíamos acceder a ninguna isla!! Pero como suele ocurrir, no hay nada (o casi nada) que el dinero no arregle, y unos piratillas se ofrecieron a llevarnos en su lancha, a nosotras y a otros 8 viajeros más, por 15$ cada uno, el triple de lo que costaba un billete normal… Evidentemente, era eso o perder el resto del día quedándonos en Almirante, que nada tenía de especial, y a saber hasta cuándo se alargaría la huelga. Así que decidimos aprovechar la ocasión pero llegar ese mismo día a Isla Colón. La cosa estaba fea, había manifestantes impidiendo la circulación marítima, por lo que tuvimos que dar una vuelta para sortearlos y que no hubieran problemas.

Por fin en Isla Colón, busqué alojamiento en el Hostel La Guayana (13$/noche en habitación compartida de 8 camas) , el mismo sitio al que iba la chica alemana que acababa de conocer.


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Llegamos mojadas por la lluvia a eso de la 1pm, y tras cocinarme unos espaguetis boloñesa en la cocina común del hostel, salí a dar una vuelta por la isla, y de paso ver cómo pintaba el panorama de la huelga, ya que al día siguiente quería aprovechar para ver otras islas, u otras playas de isla Colón, para lo cual necesitaba transportes…

Isla Colón

La cosa no pintaba muy bien para los turistas. En el parque central de Isla Colón se reunían en asamblea personas locales, hombres en su mayoría. Escuché que pretendían que los políticos acudieran a la isla para escucharles y darles solución a sus peticiones (se quejaban de una falta de interés, inversiones, precios elevados, etc en todo el archipiélago de Bocas del Toro). Mientras no vinieran los políticos, continuarían con la huelga de transportes. Aunque a los turistas nos perjudicaba esta situación, pues eso implicaba no poder movernos a otras islas, entendíamos su posición. La única alternativa para el día siguiente era alquilar unas bicis y moverse a playa Bluff o a la Playa de las estrellas de mar. Antes de regresar, me compré una pizza para llevar y me la comí en la sala común de mi alojamiento.

Al día siguiente esperé a que llegara Anabel, y tras realizar el check-in salimos junto a Lidia, otra española que se acababa de unir a nosotras, las tres en busca de bicis para ir a Playa Bluff. La playa Starfish, a la que se llegaba en bus o taxi porque estaba bastante más alejada, tendría que esperar a otro día. Después de 2 horas pateando bajo un sol abrasador en busca de bicis, nos rendimos. Todas habían sido alquiladas más temprano.

Como se nos había pasado la mañana y ya había hambre, buscamos el restaurante Tom que nos habían recomendado porque ofrecían comida local rica a precios económicos. Yo me pedí un casado con pollo estilo caribeño muy sabroso y un jugo de limón, todo por 7$. Comimos en una terracita del primer piso que daba al mar, fresquitas, menos mal.

Tras reponer energías, para no perder el día, decidimos caminar por la costa en dirección playa Bluff, para ver si llegábamos o encontrábamos algún rincón bonito donde darnos un baño. Por el camino, preguntábamos a todo aquel que veíamos en coche, para ver si algún alma caritativa nos llevaba, pero la gente se estaba tomando la huelga muy en serio. Por fin, las chicas consiguieron que un hombre nos acercara, por supuesto, cobrándonos 2.5$ a cada una. Éste nos dejó a mitad de camino porque según él no podía continuar con el coche, y como aún nos quedaba bastante para llegar a la famosa playa Bluff, decidimos darnos un baño en una pequeña calita, pues ya nos apetecía bañarnos y dejar de patear. Tras un ratito en la mini playeta, continuamos nuestro camino, pero cuando llevábamos media hora nos encontramos a unas chicas que nos dijeron que nos quedaba muchísimo aún, por lo que dimos media vuelta.

Para volver, seguimos la misma estrategia: parar a cualquier coche que pasara para ver si nos acercaba hasta nuestro alojamiento. De repente, una furgoneta pick-up con dos tipos rockeros americanos nos pararon, nos subimos a la parte de atrás y nos llevaron unos 5 minutos, hasta donde ellos paraban. Al bajar, vimos que los hombres se metían a un sitio se llama Skully’s house. Desde fuera vimos que había una piscina frente al mar, una cama colgante en la orilla, hamacas, una barra circular, etc. Un descubrimiento para un día tonto…

 

 

 

 

 

¡Cuál fue nuestra sorpresa al ir a pedir a la barra y ver que los hombretones que nos habían llevado en la furgo eran los dueños del sitio!

Tras pasar un ratito agradable en aquel sitio tan chill out, retomamos nuestro camino de vuelta, con idea de ver atardecer desde algún sitio bonito. Al poco, vimos un taxi (y como si de una aparición divina se tratara) lo paramos emocionadas (por lo visto este pasaba de la huelga) y le pedimos que nos acercara a algún punto chulo desde el cual ver la puesta de sol.

Al día siguiente, nos levantamos muy pronto con la buena noticia de que la huelga había terminado, y rápidamente nos dirigimos al centro de isla Colón para contratar algún tour y aprovechar el día. Tras preguntar en varias oficinillas, cogimos la excursión a Cayo Zapatilla que por 25$ incluía lo siguiente:

Avistamiento de delfines en bahía Delfines.
Snorkel en Cayo Coral
Tiempo libre en Cayo Zapatilla para disfrutar de sus playas de arena blanca
Paseo por los manglares para ver perezosos y estrellas de mar.
Salíamos a las 9am y regresábamos a las 5pm. Mientras esperábamos a que se hiciera la hora de salir, compramos para hacernos unos sandwiches y así ahorrarnos el sablazo de comer en el punto donde comía todo el mundo que hacía este tour.

La excursión estuvo bien, y tuvimos suerte de que nos saliera un día estupendo. Quizás muchos turistas concentrados en la playa principal de Cayo Zapatilla, pero hay que tener en cuenta que nos encontrábamos en un lugar bastante turístico.

Aun así, me alejé de la playa donde toooodos los botes soltaban a los turistas, y pude encontrar otras playas bonitas y solitarias.

También se podía hacer una caminata al interior de la isla por unos senderos entre palmeras y espesa vegetación. Cuando comenzamos el snorkel, el agua tiraba estaba un poco verdosilla y en principio pensé que iba a ser una patata, pero me sorprendió que el coral era de colores muy intensos. De hecho me gustó más por el coral que por los pececillos. Lástima no disponer de cámara sumergible…

Volvimos a Isla Colón y tras comprar los tickets para la Filthy Friday que era al día siguiente (yo no soy de salir cuando viajo, pero esta fiesta es famosa entre los guiris, así que dejé a un lado mis prejuicios y me dejé llevar…). Después, caminamos a una terracita para ver ponerse el sol, aunque las nubes lo tapaban y no fue gran cosa. Después nos fuimos a nuestro alojamiento, duchita rápida y a cenar.

Al día siguiente madrugamos para escaparnos a la playa Starfish (en la parte norte de isla Colón) antes de que empezara la fiesta, allá a las 12.30pm. Cogimos un taxi colectivo con otra pareja en el parque central de Isla Colón (5$ por persona ida y vuelta a la playa) y en una media hora nos dejó en un punto desde el cual caminamos durante unos 15 minutos hasta la famosa playa.

De camino a la playa Starfish
Camino a la Starfish
Playa Starfish

La verdad es que esta playa me gustó mucho, un lugar tranquilo, con aguas claras, y las estrellas de mar las podías ver sin ni siquiera entrar al agua, ya que se disponían en la misma orilla.

Estrellas de mar en la orilla de la playa

 

Lástima que no tuviéramos mucho tiempo para relajarnos allí. Estuvimos una media horita bañándonos prácticamente solas en esa hermosa playa y haciéndonos las fotos de rigor, y regresamos a nuestro alojamiento para prepararnos para la fiesta, que empezaba en un conocido pub de Isla Colón. Tras estar un rato bebiendo y bailando allí, se llevaba a la gente a otras dos islas. La verdad es que aquello no era para nada mi estilo, pero me adapté lo que pude. Sobre las 7 de la tarde regresé en bote a mi alojamiento.

 

5. Puerto Viejo y Cahuita (3 días)

Al día siguiente nos despedimos de Bocas del Toro, para continuar el camino hacia Puerto Viejo. Les comenté a las chicas que prefería pasar un par de días a mi ritmo (una, que es un alma solitaria  y necesita sus momentos de intromisión…) y me adelanté en el check out.

Salí hacia Puerto Viejo temprano, para lo cual había que tomar una lancha de vuelta a Almirante (como ya había terminado la huelga pagué el precio normal, 5$) y después había que tomar varios buses para cruzar la frontera en Sixaola, esta vez con destino Puerto Viejo (Costa Rica).

 

Una vez más no tuve ningún problema con el tema de combinar y encadenar los buses, ni con cruzar la frontera. Esta vez los trámites no me llevaron más que media horita (cuño en la aduana de Panamá, cruzar andando el puente que se encuentra justo en la frontera y cño en la aduana de Costa Rica). En ningún momento me pidieron dinero en efectivo, ni siquiera billete de avión de vuelta a mi país. Ya en Sixaola me encontré a Anabel y Lidia, y juntas cogimos un autobús público que salía a las 11.30am hacia Puerto Viejo. Sobre las 12.30h llegaba a Puerto Viejo. Los horarios, aquí:

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Al llegar a Puerto Viejo me quedé en el primer hostel que vi, que me dio muy buenas vibras por su ubicación (porche con vistas al mar, y situado frente a la parada de autobús) que me pillaba genial para coger el bus en dirección a Cahuita.

Desde el porche del Hotel Maritza

Se trata del hotel Maritza, y de entre los diferentes tipos de habitación, elegí una con cama de matrimonio, con ventilador y baño compartido por 10$. La verdad es que si durante el día hacía sol, la habitación se recalentaba un poco, pero llegada la noche se podía descansar. Y la ubicación era inmejorable. El hotel también dispone de una cocina para uso común, aunque no la llegué a utilizar, tanto ceviche jeje.


 

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La tarde la dediqué a pasear por Puerto Viejo.

Jóvenes tocando batucada frente al mar

Este pequeño pueblo costero me embaucó desde el primer minuto. Enseguida percibí un ambiente relajado/caribeño/hippie especial: una batucada tocando ritmos caribeños en el campo de basket frente a mi hotel, una linda playa de palmeras, un cantante de reggae que se alojaba en mi hotel, con el cual empecé a conversar y que me invitó a probar un apetecible aceite de marihuana, otro lindo atardecer desde la playa… ¡Había encontrado mi paraíso, y no podía pedir más!

Y ya cuando oscurecía me dirigí hacia la zona más concurrida de Puerto Viejo, donde los numerosos restaurantes y terrazas se iluminaban y se llenaban de turistas; las tiendas de souvenirs y ropa hippie (con precios de ver y no tocar) continuaban abiertas; y una mezcla de personas de origen afrocaribeño (asentados en esta zona desde hace años), locales y turistas nos cruzábamos saludándonos o sonriéndonos, fruto del buen rollo de este lugar.

Tras zamparme el ceviche número 500 del viaje en la marisquería Mopri, me volví a mi alojamiento, no sin antes escuadriñar entre las paraditas de artesanía por si encontraba algún regalito chulo para llevar a familia y amigos.

Al día siguiente tocaba ver el parque nacional de Cahuita. Este parque, que se sostiene a través de donaciones de los visitantes, tiene su entrada en una playa que se encuentra a las afueras de Cahuita. Para entrar no había cola, pues fui bastante pronto (sobre las 8.30am) precísamente con esa intención y para evitar las horas de calor.

El día estaba bastante nublado, así que el uso del chubasquero se hacía necesario a ratos. Los senderos, bien señalizados, transcurren paralelos al mar, por lo que de vez en cuando pasas por playas que deben ser preciosas, aunque por la falta de sol perdían bastante colorido. Al ir sola y tampoco llevar guía, la verdad es que no vi demasiados animalillos. Pero recorrí el camino con mucha calma, parándome a hacer fotos a cualquier playa, planta o bichito que captara mi atención.

Cuando unas 2 horas y media más tarde llegué a Punta Cahuita estaba indecisa. Si seguía podía continuar andando otras 3 horas más o también podía volver sobre mis pasos para salir del parque. La verdad es que eso de volver por el mismo camino no me hacía mucha ilusión, pero muchas ganas de seguir andando tampoco habían. Y justo allí, sentada en una mesa tipo merendero mientras nos protegíamos de la fina lluvia, vi aparecer una lancha. Me lancé a preguntar al “capitán” si tenía opción de montar para ir hacia Cahuita, y éste me dijo que se encontraba a punto de llevar a una familia a hacer snorkel a una barrera de coral, y que tras ello sí que continuarían a Cahuita. Le pregunté precios y si podía unirme al grupo, y 20$ tuvieron la culpa. Así que a los pocos minutos me encontraba buceando en una barrera de coral dentro del parque nacional de Cahuita, viendo pececillos en el mar Caribe. Estuvimos una media hora y después regresamos a Cahuita.

Mientras buscaba algún lugar para comer, pues era tarde y llevaba horas sin probar bocado, aproveché para pasear por las calles y también las afueras de Cahuita. Finalmente, y muerta de hambre pues no lograba encontrar ningún restaurante o soda baratito o que me apañara, salí a la carretera principal, la que comunicaba Cahuita y Puerto Viejo. Al ver que allí había una parada de autobús que se suponía llevaba a Cahuita me quedé en un restaurante a pocos metros de esta. Tras zamparme una hamburguesota y un jugo de tamarindo, me dirigí a la parada. Los minutos pasaban y ni rastro de autobuses. Menos mal que soy un poco ansiosa, y me decidí a caminar de nuevo hacia el centro de Cahuita, ya que al llegar a la estación me dijeron que el autobús salía desde allí, no paraba en la paraba donde había esperado previamente… y aún me quedaba una hora de espera, así que seguí paseando por Cahuita. Sinceramente, aunque me habían dicho que es un lugar muy bonito, me pareció como demasiado tranquilo, los alojamientos estaban dispersos, no había nada de ambiente, y la playa que vi no me encantó. Me alegré de haberme alojado en Puerto Viejo, donde puedes encontrar mayor oferta de excursiones, tours, tiendas, restaurantes, etc.

Una vez más, volviendo a la estación me encontré a Anabel y Lidia, que me dijeron que al día siguiente pensaban salir hacia Arenal. Yo ni me había planteado moverme, pues aún me quedaban cosas interesantes que ver por esta zona y quería seguir disfrutando del ambiente de Puerto Viejo que tanto me estaba gustando.

Cené ceviche en el Restaurante Chile Rojo y me casqué dos mojitos porque había 2×1. Había hablado de cenar con las chicas, pero parecía que nuestros horarios no se acababan de acoplar (yo madrugaba e iba siempre por delante en las comidas), por lo que llegaron al restaurante cuando yo ya me había marchado.

Al día siguiente, decidí alquilar una bici para ir a Playa Cocles (una playa de arena dorada y buena para practicar surf), y para visitar el Centro de Rescate de Animales Jaguar. Playa Cocles quedaba antes, pero preferí continuar hacia el centro de rescate para ya después, comer mientras regresaba y quedarme a descansar en la playa. El centro de rescate, al que había ido por recomendación de la dueña de mi hotel, me encantó.

Dos monos carablanca rescatados, una herida y otro bebé huérfano
Perezosos rescatados
Grupo de perezosos rescatados
Bebé mono congo rescatado
Papagayo de Guayaquil, rescatado

La impresión que me dio el centro es de una extraordinaria organización y buena gestión, con muchos jóvenes voluntarios que cuidan y dan cariño a los pequeños animalitos, o que guían a los visitantes informando de buen agrado a los que visitamos el centro… La mayor parte de animales rescatados (perezosos, monos, caimanes o cocodrilos, aves,…) han sufrido abuso por parte de humanos, o han sido atropellados, o que han quedado huérfanos porque sus mamás han muerto atropelladas o electrocutadas. Me fui muy contenta por la visita, por haber podido ver perezosos tan cerquita (algo complicado si se encuentran en su hábitat), y con muchas ganas de ser voluntaria algún día en un lugar así.

Cogí la bici de nuevo y tras parar a comer, escogí un lugar a la sombrita en Playa Cocles, donde eché una cabezadita, sin confiarme ya que debía devolver la bici antes de las 5pm (que cerraban la casa de alquiler).

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Me hubiera gustado despedirme de Puerto Viejo con un bonito atardecer pero el cielo, como veis, estaba bastante nublado y no pudo ser. Aun así, Puerto Viejo yo creo que es el lugar que con más cariño recuerdo de los que visité en Costa Rica, y aunque encantada me hubiera quedado más días, debía continuar mi camino hacia Arenal, y por último, Monteverde.

 

6. Arenal (2 días)

Para viajar desde Puerto Viejo hasta Arenal tenía dos opciones: con autobús público (por 20$ y unas 6-7 horas de trayecto, que por experiencia sabía que acabarían siendo 8) o shuttle privado (60$ y unas 4 horas de trayecto). Esta vez decidí gastarme los cuartos pero ganar algo de tiempo de ese día y no terminar con el culo cuadrado.

El shuttle pasaba a las 9am por la puerta de tu hostel. En mi caso, como lo tenía al lado de la oficina de Interbus, acudí a la oficina. Y sobre las 9:20am, tras recoger al resto de pasajeros, llegó la furgonetita. Resulta que todos éramos españoles. Un grupo que había reservado un viaje a través de una agencia, un papá viajero con su hijo, y yo. Por el camino fuimos conversando y nos intercambiamos los teléfonos, ya que iba a coincidir con ellos tanto en La Fortuna como en Monteverde, dos días más tarde.

Sobre las 2pm llegué a mi alojamiento en La Fortuna, el Hostel Backpackers La Fortuna. Este alojamiento está muy céntrico (justo al lado de un supermercado y numerosas tiendas y restaurantes), y tiene habitaciones compartidas por 10$. En mi caso me dieron una de 6 camas, pero era muy pequeña y no tenía ventana, por lo que olía un poco a humedad. Les pedí amablemente si podían cambiarme a la habitación de Lidia y Anabel, más amplia y ventilada, y lo hicieron sin problema.


Si reservas en Booking a través de este enlace https://www.booking.com/s/11_6/almu9955  recibirás un reembolso del 10% al finalizar tu estancia. Por ejemplo, si haces una reserva de 90€ al finalizar tu estancia en el hotel reservado te devolverán 9€.


 

Tras acomodarme, en la recepción del hostel me informé de la posibilidad de hacer una excursión al día siguiente a Río Celeste, ya que por internet me había parecido algo interesante para hacer aquí, además de ver el grandioso volcán, por supuesto. ME informaron de que dicha excursión era una experiencia muy interesante siempre que el río estuviera celeste, y no turbio por las lluvias. Ellos se comprometieron a llamar al día siguiente temprano a una persona que se encontraba en el río, para informarme del estado del agua, y poder decidir si hacer la excursión o no. Para ello, me dijeron que bajara al día siguiente temprano, a eso de las 7am, para que, en caso de que el río estuviera celeste, pudiera empezar a tiempo la excursión.

El resto del día, como el volcán estaba totalmente cubierto por la niebla, lo dediqué a pasear por el centro de La Fortuna, un pueblo en crecimiento constante, que se encuentra a una distancia, desde mi punto de vista, poco prudencial del volcán Arenal. Según me explicaría al día siguiente Óscar, un chico fotógrafo que vive en La Fortuna, se trata de puro marketing e instinto de negocio. Cuanto más cerca del volcán, a más turistas atraen. Y cuantos más turistas, más ganancias.

El pueblo de La Fortuna está plagado de alojamientos, tiendas de souvenirs y restaurantes de comida de todo el mundo, muestras de lo turístico que es.

La suave pero constante lluvia puso fin a mi paseo. Pedí una pizza en una pizzería al horno que se encuentra a unos 50m del Arenal Backpackers hostel y me la comí mientras charraba con dos chicas mexicanas que también se alojaban allí.

Al día siguiente, compré el desayuno en el supermercado que está contiguo al hostel y me dirigí caminando a la catarata de La Fortuna. Del centro de La Fortuna a la Catarata hay unos 5km, pero los 3 últimos son matadores, pues siempre son en cuesta ascendente. Eso sí, pasas por paisajes muy bonitos.

Al cabo de unas dos horas de caminata a ritmo tranquilo, parando en un par de comercios de café local que me llamaron la atención, llegué bien sudadita a la catarata. El precio de la entrada es de 15$. La verdad es que no sabía que hubiera que pagar, pero después del pateo no me iba a volver. Y sinceramente, merece la pena. Yo ya iba con bañador, preparada para el baño en el río, pero si lo prefieres hay disponibles unos vestuarios y aseos en los que te puedes cambiar. Incluso hay un restaurante en la zona de arriba, la de la entrada.

Vista de la cascada desde la parte superior

Tras alucinar con las vistas panorámicas de la catarata (desde arriba), comencé a descender los 500 escalones (casi nada…) que bajaban hasta el río y la parte inferior de la catarata. Mucha gente no baja pero yo lo recomiendo, siempre que tus fuerzas lo permitan. Además, cada cierto número de escalones hay un recoveco para descansar con carteles motivadores que te lo hacen más llevadero…

Echando fotos, me encontré con Grec y Nil, el papá y el nene que había conocido en el shuttle privado de Puerto Viejo a Limón. Estuvimos charrando un poquito, y quedamos en vernos por Monteverde, ya que aquí en La Fortuna teníamos planes incompatibles. Al final de los escalones llegas al río, y aunque me sobraban turistas, el lugar era una pasada de bonito.

Serían sobre las 11:30 de la mañana, y me dispuse a subir los escalones de vuelta y regresar a La Fortuna. Así comería en el pueblo y por la tarde, si me daba tiempo, me acercaría a ver el volcán (si estaba visible) e incluso a recuperarme físicamente tras la caminata, con un baño en unas aguas termales.

Mientras caminaba, un coche se paró, y el conductor se ofreció a llevarme hasta La Fortuna. Mi instinto me hizo confiar y subir al coche. Resultó ser Óscar, un fotógrafo profesional que se encontraba en busca de buenas fotos de paisajes, y por eso había acudido a la catarata. Por el camino se ofreció a acompañarme a un punto estratégico para ver el volcán Arenal, con unas vistas espectaculares. Como no había comido, aproveché que se conocía la zona para pedirle que me recomendara algún sitio para comer un buen ceviche. En el restaurante, mientras disfrutaba del rico ceviche y charrábamos, el volcán se iba despejando poco a poco. Fue muy interesante conocer a Oscar, pues además de enseñarme su trabajo (un montón de espectaculares fotografías de paisajes y retratos de modelos) me acompañó a por mi querido ceviche. Y para rematar, me llevó a contemplar el volcán desde una especie de hacienda privada donde las vistas son una pasada.

Volcán Arenal

Tras poder ver el volcán a tan poca distancia y desde una perspectiva tan favorecedora, ni barajé ya la posibilidad de entrar al parque nacional Arenal.

Estuvimos haciendo tiempo, y fotos, para ver si la pequeña nube que tapaba la cima del volcán se movía, pero como parecía estar anclada Óscar me propuso cambiar de lugar, y por tanto de perspectiva. Por supuesto, acepté. Nunca mejor que encontrarse a alguien del lugar para que te enseñe lugares estratégicos que los turistas no suelen conocer. En este caso, se trataba de una zona privada, perteneciente a una empresa de deportes de aventura. Dejamos el coche en el parking y allí mismo permanecimos contemplando el volcán otro largo rato.

Aunque la nube no se fue en todo el tiempo, yo estaba super satisfecha de haberlo visto desde aquellos lugares tan bonitos. Además, era una privilegiada, ya que , por lo que me contó Óscar, es poco frecuente que esté visible, pues en esta zona llueve todos los días practicamente, y el cielo casi siempre está cubierto de nubes.

Ya sobre las 4pm le pedí a Óscar que en vez de retornarme a la Fortuna, me dejara a mitad de camino, donde se encontraban las aguas termales Baldi, las que había decidido visitar. Nos despedimos y quedamos en cenar esa noche (si salía de las termas con ánimos).

¿Por qué escogí estas termas? Por la cantidad de piscinas (25 piscinas, aunque cuando yo fui unas 5 permanecían cerradas por mantenimiento), por las buenas opiniones que leí en internet, y por que tienen un precio asequible (35$). Enclavadas en medio de la vegetación del bosque tropical húmedo, y alimentadas por cristalinas cascadas, estas piscinas de aguas termales tienen propiedades curativas gracias a su riqueza en minerales.

Además de todas las piscinas simulando lagos naturales y que no te las acabas, y de otras tantas cascadas, también hay restaurantes con la barra dentro de algunas piscinas (para poder pedir y disfrutar de tu bebida sin salir del agua,…), aseos, duchas, taquillas (de pago)… Ellos te prestan una toalla a cambio de un depósito de 5$, que te devuelven cuando dejas de nuevo la toalla. Yo no hice uso de las taquillas, ya que porté mi mochila todo el tiempo e intentaba dejarla cerquita y echarle un ojo de vez en cuando. Tampoco había casi gente y todos íbamos en bañador y muy relajaditos, por lo era complicado que algún amante de lo extraño pudiera cogerla…

Al final de la jugada, creo que conseguí recorrer todas las piscinas, aunque en algunas ardía tanto el agua que no fui capaz de sumergirme entera.

Piscina de aguas termales, recién iluminada

Ya con los dedos más que arrugados, y habiendo presenciado el cambio de tonalidades que se producía al anochecer cuando se encendían las luces, decidí vestirme y buscarme la vida para volver a La Fortuna. Pero la verdad es que el espacio es tan bonito que daba penica irse.

Ya en el parking de las termas, coincidí con una pareja que esperaban un taxi y les propuse compartir el taxi y el coste del mismo, así que la vuelta me salió por 2$.

Tras una ducha revitalizante en mi hostel, salí a la entrada, donde había quedado con Óscar, que me iba a llevar a cenar a algún restaurante recomendable de La Fortuna. Cenamos en _________________ muy a gusto. Pedí un cordon blue acompañado de espárragos verdes y arroz, pero el plato era tan enorme que no pude comerme ni la mitad. Óscar fue muy amable invitándome a cenar, ya que con lo bien que se había portado esa misma tarde llevándome a ver el volcán desde aquellos sitios tan chulos ya estaba súper agradecida.

Luego me propuso ir a tomar una copa, pero la verdad es que las termas me habían dejado tan relajada que los ojos se me cerraban y necesitaba descansar, así que volví a agradecerle su generosidad y me fui a dormir. Bueno, antes de dormir, en una oficina cercana a mi alojamiento, reservé el trayecto de La Fortuna a Monteverde por 20$, ya que en mi hostel me costaba 25$.

 

7. Monteverde (3 días).

El traslado que había pagado la noche anterior para ir de La Fortuna a Monteverde consistía en un shuttle que te recogía en tu alojamiento de La Fortuna y te llevaba al lago Arenal, cambiar a un bote para atravesar el lago Arenal, y por último otro shuttle que te llevaba hasta Monteverde y te dejaba en tu alojamiento. Todo bastante sincronizado y por 20$. Si además tienes la suerte de ver el volcán Arenal despejado (que no fue mi caso), además de buena combinación de transporte, puede convertirse en una actividad de lo más atractiva.

En total fueron unas 4 horas de trayecto, con una parada intermedia de 20 minutillos y otra parada de 5′ para hacer fotos al impresionante paisaje de prados que había conforme nos acercábamos a Monteverde.

Al llegar a mi alojamiento en Monteverde, el Monteverde Hostel Downtown (7$/noche en habitación compartida de 8 personas).


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Y tras dejar mis cosas en la habitación, pregunté en recepción por las diferentes opciones que ofrecían para practicar una de las cosas por las que la mayoría de personas visitábamos este lugar: las super tirolinas.

Tras barajar las distintas opciones, y por recomendación de las chicas valencianas que había conocido semanas atrás en la excursión a Isla Tortuga, me decidí reservar las actividades del día siguiente con la empresa de 100% Aventura. Esta empresa tiene un pack de actividades por 50$ (o 45$ si vas en grupo de al menos 4 personas) que incluye: 8 tirolinas (una de las cuales es de casi 2km de longitud), un tarzan swing (una especie de puenting pero con caída más suave), un rappel y un Supermán (una tirolina en la que te cuelgan por la espalda, por lo que disfrutas de volar casi como un pájaro). Además, el precio incluye el transporte de ida y vuelta, seguro de accidentes y todo el material y equipamiento necesario.

Pero antes de la descarga de adrenalina que me esperaba al día siguiente, aún me quedaba tiempo por delante este día para dar un paseo por Monteverde, comprarme una sudadera (ya que la mía la había perdido en uno de los alojamientos por los que había pasado), y para hacer un tour nocturno con Grec y Nil, y cenar con ellos.

El tour nocturno lo hicimos con una empresa que nos habían recomendado, Kinkajou. Ellos te recogían en tu alojamiento, te llevaban a un espacio en el bosque y entre los diferentes guías se iban comunicando para encontrar y mostrarte la mayor cantidad de animales nocturnos posible.

Aunque quizás me hubiera gustado ver alguna ranita, pues fue algo que todo el mundo estaba viendo en Costa Rica excepto yo, que sólo había visto de 2 tipos, sí es cierto que vimos una lora venenosa y una tarántula, además de un coatí y algún bichito más.

Lora venenosa
Tarantula
Serpiente, creo que boa constrictor.

Tras terminar el tour el taxista nos paró en un restaurante llamado Sabor Tico, en una zona próxima al centro de Monteverde. Disfrutamos de la cena con una buena conversación y muchas risas, y nos despedimos hasta el día siguiente, que intentaríamos repetir la jugada de la cena, ya que ellos ya tenían contratada la actividad de los puentes colgantes y yo la de los deportes de aventura, con empresas diferentes.

Además, hoy el día se me había hecho durillo, pues no me encontraba muy allá. Supuse que era fruto de las aguas termales del día anterior, que habían hecho que mi cuerpo se relajara tanto que me encontraba con la energía muy bajita. Pero nada importante, me acosté prontito y aproveché para dormir 9 horas de tirón.

Llegaba mi penúltimo día en Monteverde, un día que había esperado con ganas durante todo el viaje. No es que sea muy fan de los deportes de riesgo (más bien soy una cagueta) pero poder practicarlos en un entorno natural tan espectacular lo convertía en algo mucho más atractivo para mí. Cogí energías en el desayuno y esperé a que la furgo de 100% Aventura me recogiera. Una vez reunida con los españoles con los que iba a hacer la actividad, fuimos a pagar y a que nos colocaran todo el equipamiento necesario de seguridad. Los nervios iban en aumento, pero todos teníamos mucha emoción contenida… Los monitores que nos informaron de las normas y de cómo colocarnos en las tirolinas y el rappel, y los monitores que nos enganchaban a las diferentes cuerdas fueron en todo momento muy amables y profesionales.

No hay palabras para describir lo que se siente cuando, casi a traición, me dejaron caer en el Tarzán Swing, esa cuerda flexible con la que saltas al vacío describiendo una parábola al caer que me cortó la respiración,… O cuando te lanzan en esas pedazo tirolinas kilométricas en las que puedes divisar a vista de pájaro prados y montañas, todo verdísimo, diminutas vacas y casitas abajo a lo lejos… Experiencias no aptas para personas delicadas del corazón, pero que te dejan una sensación de bienestar y relax absoluto si tienes el valor de hacerlas.

Tras esta actividad, la verdad es que cualquier cosa me hubiera sabido a poco, así que como el viaje estaba llegando a su fin decidí dedicarme a descansar, a pasear por el pueblecito de Monteverde y a comprar los últimos souvenirs que me faltaban.

Y ya por la noche, Grec y Nil vinieron a recogerme a mi alojamiento y fuimos a cenar al restaurante Tree House, un lugar que nos había llamado la atención porque se eleva alrededor de un enorme árbol cuya iluminación de noche es una maravilla. Además, Grec había estado  años atrás y guardaba buen recuerdo de este sitio. Fue una cena muy amena, en la que además de disfrutar de unos platos muy suculentos seguimos contándonos confidencias y riéndonos. Hay qué ver lo bonito que es viajar a tu ritmo y conocer gente tan agradable en el camino, con la cual puedes compartir momentos súper especiales que te dejan un gran recuerdo de esos momentos compartidos.

Llegaba la despedida, pues Grec y Nil partían hacia la zona de Manuel Antonio al día siguiente, y yo me quedaba allí otro día más, ya que en 2 días tenía el vuelo de regreso a Valencia.

Al día siguiente, desayuné sin prisa y cogí el transporte para visitar la reserva nubosa de Santa Elena. Alrededor de Monteverde hay dos reservas (la de Santa Elena y la de Monteverde. Una reserva no llega a tener la categoría de parque nacional y es de carácter privado. En ambas existen diferentes rutas con diferentes niveles cada una. Yo, por precio y facilidad de transporte, elegí la de Santa Elena.

 

 

 

 

Y aunque animalillos apenas vi (una vez más por ir sin guía), me quedé asombrada con la belleza de este bosque, con una vegetación propia de un clima más húmedo, muy diferente al resto de parques nacionales que había visto anteriormente. El camino lo hice con mucha tranquilidad, tratando de pararme en zonas húmedas para ver si encontraba ranitas, pero mi vista y el hecho de que estas sean animales nocturnos, no ayudaban.

Los caminos están muy bien señalizados, con carteles informativos de los diferentes senderos o de los animales que allí viven. Pasé numerosas escaleras de piedra completamente cubiertas de musgo, puentecitos sobre riachuelos, e incluso hay una torreta que sirve de mirador, donde si subes todos los escalones, puedes contemplar una hermosa vista casi aérea del bosque nuboso.

A la 1pm cogí el autobús de regreso al pueblo de Monteverde. Y una vez allí me acerqué a la estación de autobuses para preguntar por el autobús que me llevaría al aeropuerto al día siguiente y después comí en el centro comercial (que se encuentra justo al lado de la estación). Allí me informaron de que el mismo autobús que se dirigía a San José, hacía una parada en el aeropuerto (lo cual me venía genial, pues mi alojamiento se encontraba en las inmediaciones del aeropuerto), e incluso pude comprar el billete en ese momento.

El tiempo que me quedaba lo dediqué a descansar, a seguir paseando por el pueblo, a hacerme amiga de un perrito con 3 patas que siempre estaba en la puerta de mi hostel y a la vida contemplativa.

Y por fin, al día siguiente, tras hacer mi mochila y despedirme de mis amigos, el perrete y el recepcionista de mi hostel, a las 2pm tomé el autobús a Alajuela. Las 4 horas que me había dicho el chico de la estación que tardaba el autobús de Monteverde a Alajuela, ¡se convirtieron en 6 horas! Ya de noche llegué al aeropuerto. Mi alojamiento, Costa Rica Airport Lodge, estaba a unos 10 minutos andando del aeropuerto, pero la dificultad residía en cruzar las diferentes carreteras y autopistas que lo separaban del aeropuerto. Con la ayuda de un chaval que me acompañó y me dio conversación, finalmente llegué. El alojamiento no es nada del otro mundo, pero es de lo más cercano al aeropuerto que encontré, y barato. Perfecto para descansar unas horas antes del madrugón para coger mi vuelo (que salía a las 6am).

Las fotos jamás harán justicia a los paisajes tan verdes y hermosos que he pisado, ni mi relato, por supuesto, podrá plasmar la amabilidad, o la riqueza cultural, natural y ecológica de la cual presume este país. Me conformo, simplemente con acabar de animar a aquellas personas que tengan en mente viajar a Costa Rica próximamente, y ser de ayuda en la organización del viaje a quienes ya lo estén preparando. Me quedan muchos países por visitar, pero si algún  día quiero volver a respirar aire limpio y vivir la naturaleza en estado puro ya sé dónde regresar…

PURA VIDA, Costa Rica ❤

 

 

 

 

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